lunes, 6 de mayo de 2013

José María Samper Por Vicente Pérez Silva (compilador)

D. José María Samper, el más fecundo de nuestros escritores del siglo pasado, vino a Bogotá de muy temprana edad. Aquí, entre los años de 1838 a 1846, adelantó estudios de bachillerato y jurisprudencia en la casa de educación de D. José Manuel Groot, en el Colegio Mayor de San Bartolomé y en la Universidad Nacional. Cuando contaba quince años publicó su primer artículo en las páginas de un importante periódico capitalino y de los veinte en adelante se entregó por entero a las faenas de la vida pública. D. Carlos Martínez Silva hablando de la recia personalidad del Sr. Samper dice que tenía naturaleza expansiva y generosa, actividad volcánica, ardiente y desinteresado patriotismo y un pronunciado temperamento de combatividad y de lucha.
En el transcurso de su vida D. José María Samper sobresalió ante todo como escritor múltiple, periodista infatigable y orador elocuentísimo. Fue, además, parlamentario de larga y brillante trayectoria; catedrático de ciencia constitucional, administrativa y de legislación; diplomático ante los gobiernos de Chile y Argentina; miembro de la Academia Colombiana y de varias sociedades de París y magistrado hacia el final de sus días. En Europa acrecentó e irradió su vasta ilustración por espacio de cinco años.
Refiriéndose al tribuno de palabra poderosa y persuasiva, el citado Martínez Silva anota lo siguiente:
Su voz era robusta y extensa; su presencia en la tribuna imponente; su acción desembarazada y noble; la posesión de sí mismo, completa, de suerte que nada le turbaba ni desconcertaba. Manejaba con maestría el lenguaje de la pasión; razonaba poco en tales ocasiones; pero, en cambio, sabía herir todas las fibras del corazón, desde las más fuertes hasta las más delicadas.
Dotado de una extraordinaria facilidad para escribir —se dice que sus obras pasan de las cincuenta mil páginas—, D. José María Samper fue redactor y colaborador de un número considerable de publicaciones periódicas, que sería largo enumerar. Sus constantes colaboraciones sobre política, literatura, economía, historia, crítica, etc., vieron la luz no solamente en periódicos del país sino también de Madrid, Londres, París, Caracas y Lima. En la capital antes nombrada dirigió El Comercio de D. Manuel Amunátegui y publicó la Revista Americana con la exclusiva colaboración de su esposa, doña Soledad Acosta de Samper. De su copiosa y muy variada producción intelectual —más de treinta obras entre libros y folletos, fuera de numerosos escritos de extensión e importancia aparecidos en periódicos— cabe mencionar los siguientes libros: Apuntamientos para la historia, Ensayo sobre las revoluciones políticas, Viajes de un colombiano en Europa, Cartas y discursos de un republicano, El Libertador Simón Bolívar, Galería nacional de hombres ilustres o notables e Historia de una alma.
Esta última, considerada como la obra capital de Samper, constituye una espontánea e íntima manifestación autobiográfica llena de interés y amenidad. En la dedicatoria que hace a sus hijas, el autor, entre otras cosas, les confiesa:
Voy a narrar en este libro las impresiones y peripecias de 46 años de ese siglo moral. Esta es la historia de mi alma. Ella, servida con fidelidad por el poder de la memoria, se ha seguido a sí misma, desde el principio de su florecencia hasta el comienzo de su otoño; ha estudiado su propio desarrollo, sus titubeos y sus contradicciones, sus desfallecimientos momentáneos, y sus esfuerzos de reacción, sus grandes luchas, sostenidas en persecución de la verdad, así como sus dudas y caídas, sus ímpetus de soberbia y sus desahogos de melancolía... Así la historia íntima de esta alma es también la de muchos hombres y acontecimientos; es, en no pequeña parte, la historia de la Patria: historia anecdótica, escrita puramente de memoria, familiar en sus formas y su tono, lealmente recordada y narrada con ingenuidad.
La obra en referencia está dividida en tres partes. El capítulo VII de la primera parte que se reproduce a continuación lo hemos tomado de la edición príncipe publicada en Bogotá, en 1881. D. José María Samper murió en Anapoima, departamento de Cundinamarca, el 22 de julio de 1888.
Educación moral y primaria
Faltábanme dos o tres meses para cumplir siete años (pues nací en Honda (departamento del Tolima) del 31 de marzo al 1º de abril de 1828 cuando mi padre me hizo matricular en la escuela primaria, a la cual fue reunida un año después la normal, sirviéndolas un solo preceptor. Había un número tan considerable de alumnos que el Director-maestro no alcanzaba materialmente, no obstante su capacidad y aplicación, a enseñarnos cosa mayor. Me encomendaban para los certámenes públicos la recitación de la resunta (discurso de orden compuesto por el Director) únicamente a mérito de mi desparpajo y falta de miedo delante del público, y de ciertas disposiciones que tenía —por mi fuerte voz y facilidad de acción— para la oratoria. Jamás imaginé entonces, no obstante mi locuacidad (con frecuencia empalagosa, por excesiva y sobrado ruidosa), que con el tiempo sería tribuno popular y orador parlamentario, académico y..., lo peor de todo, de honras fúnebres!
En la escuela aprendí, desde luego, a pelear con muchos camaradas y ejercitar mis fuerzas en el pugilato; y sólo saqué de ella en limpio, en tres años de tareas muy poco metódicas, el saber leer, el conocimiento de la doctrina cristiana, algo de historia sagrada y de aritmética, un medio barniz de urbanidad teórica, nociones muy elementales de gramática, no pocos verdugones causados por los puños de mis condiscípulos, y una mala forma de letra entre española y francesa. Con el tiempo, las lecciones de maestros que tenían letra inglesa y el mucho escribir, reformé mi escritura y quedé con una letra parecida a mí: sumamente clara, franca y abierta, sin ambages ni falta de perfiles, de formas inequívocas, pero sin regularidad ni sistema, gruesa y en cierto modo anárquica.
También saqué de la escuela una importante enseñanza. Un día provoqué con mis impertinencias a un condiscípulo, más fuerte que yo: peleamos, recibí numerosos puñetazos y llegué a casa con los ojos acardenalados, llorando y quejándome. Averiguando el caso y sabiendo que la culpa era mía, mi padre (que estaba montado a la antigua en materia de castigos, según la educación que había recibido) me administró por añadidura cosa de cuatro o cinco azotes, "por atrevido y buscapleitos". Aleccionado con esto y temeroso de ser castigado, algunas semanas después toleré la provocación de un condiscípulo brutal y de mal genio, me dejé pegar y torné de la escuela a casa con las narices reventadas. Me interrogó mi padre (que irritado era muy severo), y le conté la verdad. Entonces me administró cosa de ocho a diez azotes, dándome ración doble "por la cobardía de haberme dejado ultrajar sin motivo y teniendo la razón de mi parte".
No eché la lección en saco roto; por lo que en el curso de mi vida, si nunca he sido rencoroso ni vengativo, jamás, después de recibir una bofetada moral o material, he puesto la otra mejilla para recibir la siguiente, sino que he dado las vueltas, sin quedarme debiendo un saldo. No juzgo la moralidad o filosofía de este modo de proceder; pero digo ingenuamente cuál ha sido mi regla, porque así me enseñaron a proceder. Durante mi vida pública me ha salvado de muchos ataques y ultrajes la energía y resolución con que, sin temor al peligro, he rechazado siempre las ofensas y las tentativas hostiles. A falta de cultura y moderación en todos y de seguridad social, sólo se hace respetar el hombre que tiene valor para desafiar el peligro y exponerse a todo por defender su dignidad.
Cuando muchacho tuve mucho miedo a los espantos y cosas que llamaban "del otro mundo"; pero una vez que supe, con la experiencia de la vida, que los verdaderos espantos no son los muertos sino los vivos, perdí el único miedo que había tenido.
Después no he sentido otro linaje de miedo (en el alma, pues en el cuerpo sí lo he experimentado en varias ocasiones) sino éste: el de comprometer o perder con algún acto mi reputación. Las vicisitudes de la vida me han probado que el secreto para contar con las tres cuartas partes del buen éxito en todas las cosas, está en dos fuerzas: la seguridad de que uno tiene de su parte la razón, o por lo menos la buena intención, y el valor para desafiar todo peligro; valor que consiste en someter la instintiva flojedad de los nervios a la energía de la voluntad.
Desde que yo estaba en la escuela hasta que concluí mis estudios universitarios, oí frecuentemente a mi padre ciertas máximas, de cuya práctica me dio muchos ejemplos, ya como padre de familia o como simple particular, ya con otro carácter en Bogotá, ejerciendo el empleo de Senador de la República. Sus principales máximas eran éstas:
No se debe dejar nunca para después lo que se puede hacer bien al instante mismo.
Jamás se debe tener vergüenza de ningún trabajo o faena, para servicio propio o ajeno, que no sea vil, infame o pernicioso.
Conviene siempre aprender y saber algo de todo, porque toda la vida es un aprendizaje.
El mejor sirviente de uno es uno mismo. Este es el criado más fiel que se puede tener, y de balde muchas voces.
A falta de buena ocupación, vale más hacer algo para desbaratarlo en seguida, que estarse ocioso.
Todo padre debe procurar a sus hijos lo necesario; jamás lo superfluo. Esto, que se lo procuren ellos con su trabajo.
Valerse a sí mismo en todo caso que ocurra, sin aguardar ayuda de sirvientes o extraños, es un gran recurso y una verdadera riqueza.
Si alguien merece seis azotes por atacar a otro injustamente, merece doce cuando, por cobardía, se deja ultrajar, teniendo el derecho y los medios de defensa.
Por regla general, las compañías de negocios con extraños, son funestas para los hombres generosos y honrados.
No se debe dejar de hacer bien a quien lo ha menester; pero nunca es prudente contar con la gratitud de ningún beneficiado, sino más bien con el interés del que espera un beneficio.
No se debe reparar en nada con parientes, amigos o menesterosos, cuando se trata de servicios de familia, de amistad o de caridad; pero en los negocios, en lo que es comprado, o prestado, o alquilado, o manejado por cuenta ajena, se debe cobrar y pagar hasta el último centavo.
Yo podría referir muchas anécdotas que fueron la prueba de las máximas de mi padre, pero sólo reuniré aquí unas pocas bien significativas.
Un día que mis hermanos y yo habíamos hecho mucha basura con papeles en la sala de la casa, empeñados en fabricar cometas (arte en que llegué a ser maestro), llegó de visita a casa una familia compuesta de una señora y dos o tres señoritas. Mi madre, azorada, me hizo ir corriendo a llamar a uno de los criados para que recogiera la basura; mas dio la casualidad que en aquel momento no había en la casa más sirviente que la cocinera, demasiado ocupada, por lo que la sala continuó hecha un basurero de palitroques, papeles, cuerdas, etc. En eso llegó de la calle mi padre, e indignado al ver aquel desaseo me preguntó por qué estaba así la sala. Díjele que no había por el momento ningún criado que barriese, y al punto me replicó entre aconsejando y reprendiendo:
"Pues coge tú mismo la escoba y ponte a barrer".
Hube de hacerlo, avergonzado y todo, y después comprendí que era muy bueno saber barrer. Sucesivamente, andando el tiempo, yo mismo he barrido, con gran satisfacción, primero, mi cuarto de estudiante; después, los de algunas sucias posadas en los caminos; en 1875, mi calabozo en el cuartel donde por muchas semanas me tuvieron encerrado el miedo, la pequeñez y la saña de un presidente-dictador a quien hice oposición por la prensa; en 1854 y 1876, durante mis campañas, y en el 77 y 78, proscrito de mi patria, en los alojamientos que ocupaba en Venezuela.
Un día en que yo había pedido un caballo de la hacienda de mi padre para salir de paseo, el muchacho quiso ensillarlo antes de irse también a pasear. Mi padre le detuvo, diciéndole: "Vete, que Pepe mismo ensillará". Volví a mirarle con cierta extrañeza, y él añadió:
"Aprende, hijo, a ensillar tu caballo, sin necesidad de criados; así montarás siempre más pronto y con mayor seguridad". En efecto, los criados siempre me han ensillado mal mis cabalgaduras, por lo que he tenido la costumbre de hacerlo yo mismo, con ventaja y a mi gusto.
En cierta ocasión iba mi padre por la calle con mi tío Juan Antonio, quien, como he dicho, era muy generoso y desprendido: pidióle limosna un pordiosero, y como buscase en sus bolsillos y no hallase dinero menudo, dijo a mi tío: "Préstame medio real para dárselo a este pobre"; y lo recibió. Olvidóse mi padre de esta bagatela, y al día siguiente, en casa, mi tío le dijo:
—José María, me debes medio real; págamelo.
—¿De qué te debo tal bicoca?
—El medio que te presté para dar una limosna. Como fue prestado, te lo cobro.
—Tienes razón; así debe ser.
Al día siguiente mi tío Juan Antonio, que así reclamaba de mi padre medio real, le envió un hermoso y finísimo caballo goajiro que acababa de comprar para regalárselo a mi madre.
Nuestro vasto solar y uno más extenso con pasto artificial, situado al frente de la casa, estaban cercados con latas de guadua picada que se sujetaban con bejucos a numerosas y sólidas estacas. Renováronse los cercados en cierta ocasión, quedaron por el suelo enormes montones de lata vieja, al parecer inútil, y mi padre, al tiempo de montar una mañana para irse a dar vuelta a su hacienda, le dijo a un criado: "Búscate unos peones para que recojan toda esa lata vieja y la boten al Magdalena". Cuando se iba a ejecutar la orden, tuve una idea y le dije al criado: "Aguarda un poco, antes de llamar los peones". Yo tenía trece años y estaba en casa por causa de vacaciones del colegio. Había oído decir que la vieja lata de guaduas era el mejor combustible para cocer pan, y me ocurrió hacer un negocio. Fuime a tomar informes con muchas panaderas, y logré contratar a dos reales cada tercio o brazada de aquella excelente leña, siendo de cargo de las panaderas el recogerla y llevársela. De este modo ahorré a mi padre el gasto de más de cinco pesos en peones para botar aquel combustible, y obtuve en dinero más de veinte que entregué a mi madre.
Cuando hacia la noche tornó mi padre a casa y supo lo ocurrido, encomió con gran satisfacción mi conducta, y aun dijo: "Nada hay enteramente inútil; Pepe me ha dado, sin pensarlo, una buena lección". Al día siguiente, al levantarnos de almorzar, no sólo me elogió mucho delante de toda la familia y me obligó, a pesar de mi primera negativa, a guardar para mí el dinero obtenido con la leña, sino que, sacando de su cigarrera unos cuantos cigarros (que usaba muy largos y delgaditos), me dijo:
"Toma para que fumes. Ha tiempo que fumas a escondidas y yo lo sé. Ahora puedes procurarte esta superfluidad, puesto que ya has ganado dinero con tu industria y diligencia".
Había un punto, sin embargo, en que mi padre no andaba en conformidad con la razón, y era el sistema penal. Sabía recompensar con acierto los buenos actos de sus hijos y sus sirvientes, pero no sabía castigar. Sus castigos eran por lo común excesivos, y no daba suficiente importancia a las penas morales; por lo que menudeaba la de azotes considerándola como la de mayor eficacia. Así le habían criado y educado desde los primeros días de este siglo hasta 1816 o 1817, y si bien había sido muy patriota y fue siempre muy liberal, pudieron más en él, para educar sus hijos, los hábitos que había heredado en lo tocante a penas y recompensas. Por lo demás, mi padre era hombre de gran talento natural, muy confiado y muy perspicaz, generoso, hospitalario y benévolo, y en sociedad estaba siempre de buen humor y era muy franco, jovial y comunicativo. Su educación había sido muy imperfecta, por causa de la pobreza de mi abuelo, y tenía muy limitada instrucción teórica; lo que no le estorbó para servir con acierto varios empleos, como los de jefe político del cantón de Honda, Gobernador de la provincia, Diputado a la Cámara provincial y Senador.
Era mi padre (y perdónenseme algunas repeticiones que me dictan el amor y la veneración); era mi padre, a fuer de hijo de aragonés y de una señora de origen castellano, muy blanco y rubio, de buena talla, ancho de pechos y de espalda, y caminaba siempre aprisa y con la cabeza agachada. Tenía la frente muy espaciosa, las cejas espesas, los ojos muy azules, vivos, pequeños y penetrantes, la nariz aguileña y fina, los pómulos salientes y el rostro bien perfilado. Picábase de ser despreocupado y tenía carácter muy varonil; amaba a todos sus hijos con ardor, y nunca excusó sacrificio alguno para procurarnos la mejor educación posible; el trabajo era su mayor encanto, y en todas sus cosas era positivista, leal, sincero y cumplido. No sé hasta qué punto me haya parecido yo a mi padre; pero es lo cierto que de él heredé muchas cosas, y que procuré imitar sus ejemplos respecto de muchos rasgos que le eran propios.
Noticias Culturales, Instituto Caro y Cuervo, Nº 139,
Bogotá, 1º de agosto de 1972, pp. 11-14.
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viernes, 3 de mayo de 2013

Honda, un Patrimonio en festival de bandas Por Hernán Camilo Yepes Vasquez

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El Festival necesita 69 millones de pesos. De lo ya conseguido, la Alcaldía aportó nueve millones y del Departamento se espera otros seis.
(Foto: SUMINISTRADAS – EL NUEVO DÍA 



La Ciudad de los Puentes’ quiere, a raíz de su reciente declaración como de Pueblo Patrimonio, recibir mayor cantidad de turistas en un festival bandístico que cada año toma fuerza y que por primera vez apoya el Ministerio de Cultura.
Una inolvidable integración de talentos vivirá Honda este 9 de junio, al cumplirse la cuarta edición del Festival Nacional de Bandas Musico-Marciales ‘Honda, un Pueblo Patrimonio’, con la posible participación de 53 grupos del país.
Pero lo es más para la organizadora del encuentro, la corporación Cultura en Marcha, ya que por primera vez es apoyado por el Programa Nacional de Concertación del Ministerio de Cultura, representado en 21 millones de pesos.
Lo anterior resultó a partir de un proyecto presentado ante la cartera nacional, con el fin de reforzar el auspicio económico que en las anteriores ediciones han dado los gobiernos local y seccional.

En líneas básicas

Tras el nuevo apoyo se debió cambiar de nombre de Concurso a Festival; no obstante, ello no indica que siga la competencia entre las mejores bandas, que traerán todo un derroche musical de niños a adultos mayores.

“Ese respaldo da más confianza a las bandas, aunque los gobiernos local y seccional también nos apoyan”, explicó Angélica Montoya, representante legal de la Corporación, con tres años de experiencia con el evento.

Y agregó que el proyecto fue socializado el 25 de abril a comerciantes y habitantes, con la única invitación a vincularse al mismo, “para poder socializar a los instructores de las bandas sobre los servicios y con qué personas se pueden contactar.

“Esperamos que la comunidad se vincule, sienta, goce y viva con las bandas de marcha que vendrán y que estas sientan el orgullo de tenerlas en el Municipio (…). Nos hacen falta recursos, pero estamos en esa lucha”, puntualizó.
Publicada por
HERNÁN CAMILO YEPES VÁSQUEZ-REDACCIÓN CULTURAL EL NUEVO DÍA

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jueves, 18 de abril de 2013

Un homenaje a Pedro Cardenas


Primera parada: Colombia (Tomado de la Revista Arcadia)


Ocho prestigiosos artistas de América Latina, financiados por un grupo de servicios fiduciarios con base en Singapur, convivieron durante dos semanas en Honda. El resultado: una ambiciosa exposición que ocupa el estupendo espacio de NC-Arte en el barrio La Macarena de Bogotá.

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A 157 kilómetros al noroccidente de Bogotá, justo en el centro de Colombia, se encuentra la histórica población de Honda. Un pueblo ribereño asentado entre la cordillera oriental y central, en el imponente valle del río Magdalena. Como muchos de los lugares del país este tiene dos caras. Una es la que ven los viajeros de paso desde sus automóviles y la otra la que admiran los visitantes que llegan a quedarse mínimo un fin de semana. En el primer caso, Honda no pasa de ser un desprolijo caserío al borde de la carretera, invadido por montallantas, bombas de gasolina, numerosos restaurantes informales, mucha publicidad y varios perros callejeros que no logran caminar por la insoportable magnitud del calor. Para los segundos, más que un lugar de paso o una parada en sus itinerarios, es una de las ciudades más antiguas de Colombia, joya de la arquitectura colonial, cuna de los aborígenes ondaimas y el lugar perfecto para alejarse tanto del caos de la ciudad como de los balnearios turísticos convencionales. Y bien, allí, entre agua, sol y alegría –nombre que lleva un conocido parque acuático del lugar– decidieron llevar a cabo la primera versión del proyecto LARA (Latin American Roaming Art)

Como lo indica su nombre, el proyecto LARA parte de un concepto: itinerar. Un verbo que aún no aparece en el diccionario pero que se utiliza para hablar de movimiento, de traslado y de nomadismo. Incluso tiene un carácter redundante por el hecho de que se refiere al trayecto de algo que, de por sí, es móvil. Como cuando se usa un celular fuera de su país de origen. Y bien, partiendo de esta problemática, el grupo de servicios fiduciarios con base en Singapur,Asiaciti Trust, junto con la chilena Alexia Tala, curadora general, decidieron organizar este proyecto artístico por diferentes lugares de Latinoamérica. La primera parada sería Colombia. Allí nombraron al colombiano José Roca como curador temporal, que junto con Tala, tendría la tarea de seleccionar y acompañar a ocho artistas de la región en una residencia, en este caso, en Honda. Los elegidos fueron Adriana Bustos (Argentina, 1965), Leyla Cárdenas (Colombia, 1975), Nicolás Consuegra (Colombia, 1975), Ximena Garrido-Lecca (Perú, 1980), Rosario López (Colombia, 1970), Alejandra Prieto (Chile, 1980), Caio Reisewitz (Brasil, 1967) y Pablo Uribe (Uruguay, 1962), quienes en agosto del 2012 se concentraron allí, convivieron durante doce días, exploraron el lugar y sacaron sus primeras conclusiones. Meses después volvieron por separado a afinar detalles. La idea general era estudiar la locación, inspirarse de su situación geográfica e histórica, revisar todas las posibilidades culturales y sociales que ofrecía y luego, en cada uno de sus talleres, producir una obra para la exposición colectiva en Bogotá. 

Así, el proyecto plantea diversas capas de movimiento o traslado. Primero que todo está la empresa promotora proveniente de Asia que expande su mirada hacia el continente americano; luego, los artistas y curadores que durante el proceso y en diferentes instancias deben desplazarse hacia un lugar ajeno a los circuitos artísticos tradicionales y, finalmente, el proyecto mismo, que itinera en el tiempo por diferentes lugares de Latinoamérica. De acuerdo con la curadora general –que en el 2011 trabajó junto con Roca en la octava Bienal de Mercosur en un proyecto con características similares–, la concepción de LARA está influenciada tanto por el modelo utilizado en la bienal europea Manifesta, como por una serie de debates previos entorno a estos temas. El resultado, además de las vivencias personales que pudiera recoger cada artista en su paso por este pueblo al extremo del puente Luis Ignacio Andrade, fueron una serie de obras que se exhiben desde el pasado 16 de marzo y hasta el 27 de abril en el espacio independiente NC-Arte, ubicado en el barrio La Macarena de la ciudad de Bogotá. 

A la entrada, como telón central, están varios velos blancos de Rosario López que, en su continua búsqueda por entender el paisaje y la levedad, recrean una topografía montañosa suspendida en el aire. A los lados, de piso a techo, se ubican dos espejos en cuya parte inferior se ven varios vasos, cortados a la mitad y completados por su propio reflejo en el espejo. Una cita irónica de Consuegra a propósito del calor intenso de Honda, que además alude al dicho popular: “Nadie sabe de la sed con que el otro bebe”. Al fondo, estática entre dos video instalaciones –una vista cóncava del fluir del río compuesta por varios televisores, también de Consuegra, y una cámara estática que graba a dos voceadores del terminal de transportes de Pablo Uribe–, se presenta una enorme prensa de Alejandra Prieto, que en vez de hacer su función de comprimir tabaco, presiona carbón y caucho. Completando el recorrido del primer piso están unas proyecciones tridimensionales de algunos puentes viejos de Honda. Dibujos hechos con finas capas de metal oxidado, por Leyla Cárdenas, quien se basó en antiguas postales para reflejar el olvido y el paso del tiempo que sufren sus monumentos. También se ?exhiben unas enormes fotografías paisajísticas de Caio Reisewitz y un hermoso video filmado por Ximena Garrido que, junto con una instalación de luz, recrea el ambiente casi cinematográfico de un fragmento de la plaza de mercado. En el segundo piso están las infografías pedagógicas e ideológicas de Adriana Bustos, y aparte dos planos fijos de varias locaciones de Honda, tan solo afectados por el paso de algún transeúnte u otro elemento en movimiento, de Reisewitz. Todo ello en una exposición que revive el imaginario nacional, resalta las contradicciones de este lugar tropical y vuelve y pone en el centro de la discusión a uno de los grandes protagonistas de toda nuestra historia y geografía: el río Magdalena. Como reconocimiento, y aporte final del proyecto, se otorgó el merecido premio a Nicolás Consuegra quien viajará a finales de este año a hacer una residencia en el museo de arte contemporáneo de Manila, en Filipinas. 
Mientras los artistas ya empacaron sus maletas y volvieron a casa, el proyecto toma rumbo hacia Brasil, su siguiente país de acogida. Quedan sin embargo varias preguntas en el aire: ¿Hasta qué punto los artistas se inspiran realmente de estas residencias y observan el contexto más allá de su propia obra? ¿Son estas una excusa para mostrar lo mismo de siempre pero en otro lugar? ¿La experiencia irá desplazando poco a poco al objeto de arte y su proceso de creación? ¿Fue esta una prueba piloto para Roca y su nuevo proyecto Flora, que también incluye proyectos de residencia en Honda? |
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martes, 16 de abril de 2013

¿Homicidios en Honda tendrían relación con panfletos de las AUC?

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Hace unos 15 días, por las principales calles de Honda fueron repartidos algunos panfletos firmados por las AUC, advirtiendo que en el municipio de adelantaría una mal llamada 'limpieza social'. Hace cinco días, tres jóvenes fueron asesinados en la localidad.
Una escena macabra se registró en Honda hace algunos días. Tres jóvenes, entre los 19 y 23 años, fueron ultimados por unos sujetos que sin mediar palabra, llegaron hasta la carrera 12 con calle 29 y dispararon contra ellos. El resultado, tres personas asesinadas y dos heridas.


El hecho causa curiosidad y al mismo tiempo preocupación, porque dichos homicidios ocurren justamente días después de que unos panfletos, firmados por las AUC, circularan por las principales calles del municipio, advirtiendo una 'limpieza social'.

En los pasquines se menciona literalmente lo siguiente: “estamos en pie de lucha, no descansaremos hasta ver nuestra sociedad limpia de delincuencia común.

“Muerte a: viciosos, jíbaros, cuatreros, sapos, violadores, milicianos, guerrilleros”.

Y aunque las autoridades no descartan que los homicidios y los pasquines tengan relación, lo cierto es que coincidencia o no, tres jóvenes, dos de ellos con antecedentes judiciales, fueron asesinados con armas de fuego.  
A continuación, EL NUEVO DÍA trae a colación los hechos que son materia de investigación de las autoridades y motivo de preocupación para los habitantes, quienes creen que las amenazas escritas en los pasquines se están cumpliendo.

Asesinados

El jueves pasado, unos hombres a pie llegaron hasta donde se encontraban al menos unas ocho personas y empezaron a disparar. 

De acuerdo con el comandante de la Policía del Tolima, coronel Wilson Mosquera, estos jóvenes estarían consumiendo sustancias psicoactivas.

Según el reporte oficial de las autoridades, a las 8:09 de esa noche, en la carrera 12 # 29-08 del barrio Obrero, murió Carlos Alfredo Quiceno Escobar, conocido con el alias de 'Caliche'. El joven de 19 años, registró dos impactos de bala calibre 765.

Una cuadra más adelante, en la carrera 11 con calle 29, pero ya en el barrio La Bujona, Diego Leonardo Núñez González, de 23 años, fue asesinado con dos disparos en la parte trasera de su cráneo.

Asimismo, el joven de 20 años, Jhon Alexánder García Quintero, quien fue herido con un arma, fue auxiliado y conducido al hospital San Juan de Dios de Honda, donde falleció a las 8:34 p.m. Otras dos personas quedaron heridas.

Se alude en el informe de la Policía que luego en los actos urgentes se hallaron al interior de la vivienda de la carrera 11 con calle 29, donde fue asesinada una de las personas, 26 papeletas dentro de las cuales había una sustancia con características similares por su olor, color y textura, al bazuco, y nueve bolsas transparentes envueltas de marihuana.

De igual manera, se menciona que dos de las personas asesinadas presentaban antecedentes de tipo judicial básicamente por temas de microtráfico. 

“Dos de ellas fueron capturadas en días anteriores por la Policía y puestas a disposición de las autoridades competentes, pero por situaciones de tema procedimental ya se encontraban en libertad”, señaló el comandante de la Policía del Tolima.

Autoridades hablan

El mismo coronel Mosquera le dijo a EL NUEVO DÍA: “no hay justificación válida ni alguna que soporte una acción criminal como esta”.

Y agregó que desde ese mismo día llegó al municipio un grupo de investigación y de Policía judicial “con una orden perentoria de ubicarme los autores intelectuales, nos interesa quién está detrás de eso”. 

En cuanto a los panfletos refirió que “dice ser de un grupo que delinquió hace muchos años en esta zona del departamento y que anuncia ser de las AUC (…) lo que creemos es que algunos sicarios estarían siendo apoyados por algunas personas, que es lo que trataremos determinar”.

Hasta tanto, lo que se conoce es que tres personas asesinadas, tres jóvenes que se encontraban con sus compañeros, fueron asesinados por sujetos que luego de cometer el hecho huyeron así como llegaron, a pie.  

El día después de los hechos se adelantó un consejo de seguridad, hoy se realizará uno complementario para contrarrestar y llegar a medidas de seguridad específicas en el municipio. 
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Tomado de:
Publicada por
REDACCIÓN EL NUEVO DÍA.











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jueves, 11 de abril de 2013

El Pueblo Marcho, por la desidia de Enertolima

 Masiva participación del pueblo hondano, protestando por el pésimo servicio de Enertolima a la población de Honda (Foto Tiberio Murcia Godoy)
 Foto Tiberio Murcia Godoy
 Foto Tiberio Murcia Godoy
Frente a las instalaciones de Enertolima el pueblo reclamo (foto Diego Cardozo)