martes, 5 de enero de 2010

PUEBLO 3.6% DE AUMENTO DEL SALARIO PAUPERRIMO, CONRESISTAS 1000% Y HASTA MÁS, POR ALBERTO JOSÉ HOLGUIN

Que tal esto
Candilejas. Por: Alberto José Holguín
Pensiones a congresistas
(EL PAIS CALI)
Octubre 28 de 2009
Al escribir estas líneas no pretendo frenar la iniciativa que ya cursó los dos debates en el Senado, porque no tiene objeto, ya que será aprobada me guste o no y le guste o no al resto de los colombianos. Simplemente quiero sentar mi voz de protesta y dejar constancia del absurdo abuso que los mal llamados ‘padres de la Patria’ van a cometer.
Nuestro Congreso está totalmente desprestigiado, casi que repudiado por la ciudadanía, entre otras cosas por la triste verdad de que más de 70 de sus 268 miembros han sido o están siendo juzgados por la Corte Suprema de Justicia o se encuentran detenidos. Sin embargo, a los ‘honorables’ parlamentarios Aurelio Iragorri, Eduardo Enríquez, Carlos Cárdenas y Carlos Ferro no les tembló la mano para proponer la modificación de la Ley Cuarta de 1992, con el objeto de aumentarse el valor de sus pensiones de jubilación, iniciativa que probablemente recibió el aplauso de sus colegas. Esta inaudita actitud puede calificarse como una afrenta oprobiosa, monstruosa y vituperable contra el pueblo colombiano en un momento tan difícil como el que se está viviendo, cuando hay necesidades apremiantes de toda índole que no se pueden financiar y cuando el desempleo llega al 11%, sin contar el subempleo, que hace la situación laboral aterradora.
Actualmente, nuestros senadores y representantes devengan al mes $5.088.646 como sueldo básico, $9.046.485 de gastos de representación, $5.496.999 de prima de vivienda y $1.413.508 de prima de salud. Las partidas anteriores suman $21.045.638 cada 30 días. Mientras tanto, el salario mínimo legal, que en el 2008 era de $461.500, pasó a partir del 1 de enero del 2009 a $497.000, un incremento de sólo $35.500, pues se consideró “inflacionario y peligroso para la economía nacional” aumentarlo algo más o redondearlo siquiera a los $500.000 mensuales. No hay derecho. Pero no contentos con los millones que devengan, los parlamentarios pretenden ahora reformar la legislación pensional para ellos, sólo para ellos, de tal forma que su mesada futura por jubilación pase de $11 millones a $16 millones mensuales, lo que equivale a un incremento del 45%. Sabrosa vida.
Así es muy difícil alcanzar la paz. Mientras sigan presentándose estas desigualdades es utópico pretender que no haya violencia social. Y lo más triste es que los respetados congresistas siguen haciéndole el juego al ausentismo, a las cosas torcidas, a lo malévolo, sin pensar en lo que de verdad le puede convenir al país y a los 42 millones de colombianos que dicen representar. Y sin más lamentaciones, porque se las lleva el viento, tocará esperar ahora a que la iniciativa termine su trámite y los ‘sufridos’ parlamentarios agreguen otra conquista a su ya larga lista de prebendas.
TOMADO DE: Periódico EL PAÍS DE CALI. Octubre 28 de 2009.

martes, 15 de diciembre de 2009

FACHADA DE TRES EDIFICIOS QUE DESAPARECIERON POR EL PROGRESO. FOTOS DE LA ARQUITECTA GLORIA ZULOAGA 1985

Esta hermosa villa, qué esta ubicada en el hoy Barrio Alto de San Juan de Dios, qué había sido donada por la Escritora y educadora Dolores Agudelo, su ultima función fue de biblioteca municipal, fue destruida en el año de 1989, sin ningún motivo, porque ahí donde estaba esta bella edificación, hay una cancha deportiva.
Fachada del Hotel Los Puentes, propiedad de Carlos López, y la residencia de los King, ambas edificaciones se demolieron para darle paso a la Avenida Ernesto Soto Camero.

Heladería La Sultana, fue demolida para construir una edificación de dos pisos, donde se monto una heladería, en la actualidad existe un almacén de ropa.
Fotos; Arquitecta Gloria Zuloaga (1985) . Textos Esp. Tiberio Murcia Godoy

domingo, 29 de noviembre de 2009

Honda Sensación Una obra de Guillermo Arias y Luis Cuartas

Honda Sensación
Una obra de Guillermo Arias y Luis Cuartas ubicada en un antiguo barrio del tradicional puerto tolimense, plantea una forma muy personal de disfrutar el descanso.
Texto: Gabriel Hernández Fotografía: Antonio Castañeda

Pórticos de mampostería y puentes de acero crean una arquitectura abierta al aire y a la vegetación

Puerto de entrada a Santafé de Bogotá desde 1539, Honda vio pasar, en primera fila, la historia de Colombia. Por sus plazas, calles y barrios circularon conquistadores, virreyes, héroes de la independencia y presidentes de la república en su tránsito hacia el Caribe y hacia el mundo exterior. A cal y canto se levantaron edificaciones oficiales, bodegas, casas de representación comercial, bancos y consulados, que le dieron a la ciudad una imagen de solidez, acorde con su importancia estratégica que mantuvo hasta mediados del siglo XX. A este lugar cargado de historia llegaron tres amigos en busca de un lugar en el entorno del centro histórico, para construir un sitio de descanso. El terreno escogido estaba ocupado por tres bodegas con vestigios de muros coloniales, con vista al río y a los farallones que lo encajonan formando los raudales que dividen la parte alta y media del Magdalena. Cuenta Guillermo Arias, arquitecto de la Universidad de los Andes, cómo en las primeras reuniones de diseño, cada uno de los clientes comenzó a especificar las características de su espacio particular. Previendo un laberinto de cuartos cerrados y espacios restringidos, Arias y su socio Luis Cuartas, arquitecto javeriano, propusieron un conjunto de áreas en el que nadie fuera dueño de nada… en el que todo fuera de todos, en el que la experiencia de estar no se limitara por los formalismos de un requerimiento funcional convencional.

La estructura de madera de una antigua bodega cubre una sala de casi 8 metros de altura. Sobre el piso de cemento, los muebles sobre ruedas pueden acomodarse de manera ilimitada

Como un río de montaña, la piscina recorre la construcción en distintos niveles, abriendo diversas áreas de sol y sombra bajo los árboles
Grandes muros que conducen la brisa y tramados de acero que filtran la luz se suman al agua y a los árboles para generar un microclima fresco que contrasta con las altas temperaturas del valle del Magdalena.

Austeridad de monasterio y amplitud de palacio. Características de un diseño de Arias y Cuartas que combina elementos restaurados, ruinas y arquitectura actual. Piso de cemento sin dilataciones. Patio de baldosa cerámica de Ambalema. Lavamanos tallado en mármol.
Sobre una base de acero y concreto, la gran isla de mármol de la cocina recuerda los mesones de los tradicionales pabellones de comidas de las plazas de mercado del Tolima.

TOMADO DE: http://www.revistaaxxis.com.co/noticia.php3?nt=25000




martes, 24 de noviembre de 2009

Dos muertos en Mariquita

El ganadero y caballista, Iván Andrés Bonilla fue asesinado en el Centro Ferial Humatepa del municipio de Mariquita cuando se encontraba disfrutando de la Octava Feria Equina Grado B.Bonilla de 35 años y oriundo de Honda, se encontraba en una caseta de venta de licor departiendo con unos amigos y familiares entre los que se encontraban sus dos hijos menores, cuando un desconocido que portaba un arma de fuego le disparó.
El caballista quedó herido y fue trasladado al hospital San José de Mariquita, donde murió.Uno de los escoltas de Bonilla persiguió al sicario, dándole alcance en un sector cercano al puente sobre el río Gualí, conocido como la finca ‘el Vaho de las Vacas’, y al parecer, mató al sicario.
Las autoridades se hicieron presentes en el sitio y encontraron que el escolta no portaba documentos que lo identificaran plenamente, por lo que fue capturado.
Los habitantes que conocieron el hecho se mostraron aterradas ante este homicidio que perturba la tranquilidad de los mariquiteños.
La identidad del asesino aún no ha sido revelada por parte de las autoridades.
El ganadero asesinado era hermano del concejal del municipio de Honda, Mauricio Bonilla.
MARTES 24 DE ENERO.PERIODICO EL NUEVO DIA

domingo, 22 de noviembre de 2009

TRAS LAS HUELLAS DEL NEGRO MARÍN EN HONDA

Caballeros Andantes
Portal de Historia
Aquí se consignan materiales de hechos y personajes reales cuyos documentos, libros y videos componen la base de datos. Muchos de los documentos son de libre consulta aunque hay material restringido sujeto a inscripción previa.
Academias de Historia
Se incluyen las páginas de la Academia Colombiana de Historia con todo su material y en particular el Boletín de Historia y Antigüedades para consulta en línea. El lector también encontrará páginas de la Academia Caldense de Historia y su revista Impronta para lectura en línea.

Tras las huellas del Negro Marín en Honda
Por Tiberio Murcia Godoy*
centrodehistoriahonda@gmail.com
A mediados del año de 2008 vino a la ciudad de Honda en calidad de investigadora la magister en historia Brenda Escobar Guzmán, quién recopilaba información para su trabajo de doctorado acerca del Negro Marín. Brenda quien estudia en la Universitát Bielefeld en Alemania se había pegado la rodadita hasta la Villa de Honda para la investigación de su tesis doctoral.
Consulto en el archivo municipal, y como parte de su trabajo de campo recorrió los sitos y lugares que anduvo el Negro Marin, hasta el cementerio de la localidad fuimos a parar para mostrarle la tumba de ese legendario "guerrillero liberal". La investigadora que público "La guerra de los Mil días vista a través de las memorias" capitulo 12 del libro "Ganarse el cielo defendiendo la religión. Guerras civiles en Colombia 1840-1902", además ya había participado en varias foros de historia en Alemania como en Colombia.
En el foro "Culturas políticas en la región andina" "Political cultures in the Andean region" 15 a 17 de mayo de 2008. Realizado en Alemania con el patrocinio de la Universitát Bielefeld, y Deutsche Forschugsgeinschaft , Brenda escribía. "Guerrillas liberales en las guerras civiles colombianas del siglo XIX. Rasgos de la cultura política de Cundinamarca y Tolima". "El período de guerras civiles que vivió Colombia, al igual que otros países de América Latina, durante la segunda mitad del siglo XIX, contribuyó de manera definitiva en la determinación de culturas políticas locales y regionales. Por "cultura política" entendemos, con Alan Knight, patrones de acción política que se repiten en una determinada localidad o región y en un período considerable. Para el caso colombiano, a medida que se sucedían las guerras civiles, las localidades fueron adoptando un partido político y, de igual manera, éstos se fueron haciendo más fuertes en unas regiones que en otras. Al mismo tiempo, siguiendo estos favoritismos, los individuos adoptaban unas determinadas formas de enrolarse en las guerras y estas formas fueron adquiriendo características parecidas según las regiones.
En la ponencia se observará este proceso en una región particular: el Estado (después Departamento) del Tolima y la zona occidental de Cundinamarca que limita con éste. En dicha región, el partido liberal tenía claro predominio y varias poblaciones se identificaban como completamente liberales. Así, en cada guerra civil, las convocatorias para formar grupos armados para defender los intereses del partido eran seguidas por gran número de personas, inclusive de los niveles económicos más bajos. Pero la práctica más generalizada de movilización no fue desplazarse para formar parte de los ejércitos comandandos por los jefes nacionales del partido, sino formar guerrillas de carácter casi netamente local, comandadas por líderes de poca influencia más allá de su terruño. No obstante, dada la cercanía de Bogotá con la zona de acción de estos grupos, su participación en las guerras fue fundamental para el partido, tanto para su defensa, cuando éste estuvo en el poder, como para amenazar al gobierno central, en los períodos en que estuvo controlado por conservadores.
Con el análisis de esta identificación de la región de Tolima y Cundinamarca con el partido liberal y de la práctica de organizar guerrillas como la forma preferida de sus pobladores para participar en las guerras, la ponencia intenta mostrar el proceso de constitución de una cultura política regional más o menos generalizada. Al mismo tiempo queda abierta la pregunta de por qué, a pesar de la relativa cohesión de la región en torno a unas ciertas ideas políticas y de diferentes sectores sociales en torno al mismo partido, no es fácil identificar cuáles fueron los intereses concretos que persiguieron los pobladores de esta región con las guerras, ni qué beneficios colectivos obtuvieron por su compromiso con el partido".(1)
Fue así que tome la determinación, también ir tras las huellas del Negro Marín en la Villa de Honda.
Su tumba
En el cementerio de Honda, luego de caminar unos 20 pasos, giramos a la derecha tres metros más encontramos el mausoleo, color aluminio con la leyenda que reza, "General Ramón Marín T. falleció el 10 de diciembre de 1923. Los liberales de Honda le dedican este recuerdo"
Su origen
Gonzalo Paris Lozano en su libro "Los Guerrilleros del Tolima", escribe. "El general Marín era originario de Marmato, donde nació en 1860. En la guerra de 1885 había combatido en el occidente de la antigua Antioquia, a las órdenes del entonces coronel Rafael Uribe Uribe ".(2).
Su físico
Gonzalo Paris lo describe. "Alto, hercúleo, de grandes pies y manos poderosas, feo como un mal pensamiento, de color pardo al cual daba un leve tinte rucio aquella mancha de carate que dicen ser común a las gentes de la región de donde él era nativo, su propia fuerza ayudábale a destacarse, atraer la atención, a provocar el proselitismo. Con un gran sombrero alón, levantado sobre la frente a la pedrada, su guarniel terciado y el gran machete al cinto, venía constituir un acabado tipo de cabecilla tropical" (3).
Herbert Spencer Dickey, medico Neoyorquino, citado por Malcolm Deas en su libro "Del Poder y la Gramática" , y quien lo conoció personalmente lo describe así; "Era un negro alto y muy fornido, y sus proezas físicas probablemente tenían mucho que ver con su elevada estatura. Sabía emplear el machete como los mejores (y no era nada adverso a hacerlo en ocasiones). El general esta sentado sobre un cajón. Tiene sombrero alón de Panamá con cinta roja, blusa de dril blanco bien almidonada, abotonada al cuello, y en las mangas ocho bandas de franela roja".(4)
Su vinculación a la región
La historia encuentra a Ramón Marín en el norte del Tolima, en la zona minera a donde él ha llegado por su experiencia y conocimiento en este oficio, aquí por su don en estas lides se la gana simpatía, y el respeto. Gonzalo Paris nos describe "Como buen marmateño, era minero, y en su condición de tal vino al Tolima, a trabajar en las minas de Frías. Allí se destacó cual hombre hábil en su oficio y excelente capataz; y la circunstancia de haberse impuesto como macho a los trabajadores de esas minas cierta vez que estos se sublevaron empezó a hacerlo notorio en el norte del Tolima como hombre valiente y a darle cierta aureola de caudillo".(5).
Charles Bergquist en su investigación nos trae a colación lo siguiente, "La carrera de Ramón Marín constituye uno de los mejores ejemplos de movilidad social que daba el servicio en el ejército liberal. Nacido en Marmato, Antioquia, de ascendencia africana, el Negro Marín trabajó antes de la guerra como capataz en las minas de oro del norte del Tolima, donde gano cierto prestigio al sofocar una revuelta de trabajadores, y donde posteriormente adquirió una mina propia".(6).
Dickey, citado por Deas, escribe. "El Negro Marín había trabajado antes de la guerra como strawboss capataz de cuadrilla, en las minas de Frías, y tiene buenos recuerdos de sus jefes ingleses". (7).
Su incursión en las guerrillas liberales
A raíz de las vicisitudes y confrontaciones entre liberales y conservadores por el poder, registra a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, la llamada Guerra de los Mil Días, todo por "La negativa del Senado a aprobar la ley de elecciones que los liberales uribistas consideraban garantía indispensable para la pureza del sufragio. A partir de esa negativa los liberales de Uribe Uribe llegaron a la conclusión de que por el camino de las urnas jamás tendrían acceso al poder. Desde ese momento los liberales se dividieron en pacifistas o directoristas, orientados por Parra; y los guerreristas, de Uribe Uribe" .(8).
Jhon Gillies, vicecónsul de Gran Bretaña, citado por Thomas Fischer, relata. "Un fiel empleado durante muchos años de una compañía minera inglesa se vio arrastrado por incomodidades de la guerra, a tomar las armas, y se convirtió en el jefe de unos cuantos miles de hombres. Con esta fuerza desplegó una maravillosa habilidad a lo largo de la campaña, arrebatando armas y munición en suficientes cantidades como para satisfacer sus demandas al respecto, y lo que hay que reconocerle, ha mostrado gallardía con los vencidos, un rasgo raramente visible en este conflicto que se ha desarrollado de una manera inmisericorde y bárbara". (9).
El Negro Marín en la guerrilla
Sus incursiones en las guerrillas las describe Sánchez en "Memorias de un país en guerra" "Por eso, no es de extrañar que, desde la derrota liberal en Santander, la mayoría de las acciones de la guerra de los tres años sean producto de la actividad guerrillera en el centro del país, especialmente en el valle del Magdalena, desde Honda hasta Neiva"(10).
"De entre estas área se destacan los llanos de Ambalema y la región quebrada del occidente de Cundinamarca como escenario naturales de la acción guerrillera. Ambalema era considerada como una "bandera roja levantada a orillas del Magdalena, semillero de aguerridos combatientes y de fervientes luchadoras", centro de operaciones y lugar de reposo del célebre guerrillero, el "Negro Ramón Marín".(11)
"Entretanto las guerrillas del Tolima y Cundinamarca habían unido fuerzas y en audaces jornadas llegaron a Soacha, donde los combates se realizaron con una ferocidad desconocida. La genialidad militar del general Marín, jefe de la guerrilla del Tolima, conocido como el negro Marín, puso en jaque a los cuatro mil hombres que defendían a Bogotá. Estos se replegaron para oponer resistencia en el centro de la capital. Inexplicablemente Marín y MacAllister desistieron de tomar a Bogotá, sin ser vencidos, abandonaron el sitio".(12)
Thomas Fischer afirma, "El jefe máximo de los guerrilleros en esta región fue el comandante Ramón Marín, mulato y antiguo empleado en las minas de de la compañía inglesa The Western Andes Comp. Ltd en Marmato y Frías" (13)
Secuestra a Plenipotenciario español en Honda
Enrique Santos Molano en sus crónicas sobre la guerra de los mil días trae a colación este detalle, "Las guerrillas de José Francisco Acevedo en Boyacá y de Ramón Marín en el Tolima, eran el dolor de cabeza del ejercito gubernamental, y cometían "tropelías" como la de secuestrar en Honda al Plenipotenciario español, Manuel de Guirior, a quien devolvieron mediante un rescate de cien pesos oro".(14)
Toma de Honda
Honda que siempre ha sido un baluarte de la economía, política, social y de las incursiones armadas, también sufrió el embate del Negro Marín, y así lo describe Gonzalo Paris Lozano, "Marín a quien después del afortunado asalto que diera a Honda a principios de 1900 siempre había tentado el deseo de apoderarse nuevamente de aquella ciudad, que todavía era la llave de la comunicación entre el alto y el bajo Magdalena y entre éste y la capital de la República, pidió y obtuvo el concurso de Tulio para atacar otra vez aquella plaza.
El ataque se llevó a efecto (14 de enero de 1901) y en combate de violencia excepcional, los revolucionarios llevaron la mejor parte y tomaron allí al gobierno una considerable cantidad de fusiles y municiones. Los puntos culminantes de aquella acción fueron la toma del cuartel establecido en el viejo y fuerte edificio que sirviera antaño de convento de franciscanos y que ocupó una parte del área cubierta hoy por la plaza de mercado; y el combate con dos buques armados en guerra y apostados en Arrancaplumas, el cual culminó con la toma de esos dos buques, uno de ellos fue abordado en el propio Arrancaplumas y otro que perdió amarras y gobierno bajo el fuego de los revolucionarios en los pedregales de la boca del Guali, adonde lo arrojó la violenta corriente del Salto de Honda. Fue en el combate contra tales buques donde Tulio y su gente actuaron en forma decisiva". (15).
Y hasta tiempo les dio a sus hombres para que saquearan la ciudad, como lo describe Carlos Eduardo Jaramillo en su escrito "Fin de dos guerras, principio de dos siglos". Estos estaban inducidos "al pillaje, al robo, al secuestro, al incendio, al saqueo y a la imposición arbitraria de sanciones económicas. Cuando el Ramón Marín (El Negro Marín) se tomó por última vez el puerto de Honda, les dio a sus tropas dos horas para que saquearan a la ciudad". (16)
Extranjeros mediando para su amnistía
Thomas Fischer, trae un interesante subcapítulo sobre la mediación internacional en el caso del Negro Marín, quien cansado ya de combatir, quería dejar todo para retornar a su vida normal, así describe Fischer dicha situación, "Cuando el legendario "Negro Marín concentró en las cercanías de Honda alrededor de 2000 soldados, Gillies, así como el representante Francés, Paul Richuox, ofrecieron a Marroquín sus buenos oficios como mediadores. Con este fin se reunieron el 3 de abril de 1902 en la casa de John Russel, el director de la minas de Frías, Gillies, Richuox, el comerciante ingles John Owen, por una parte, y Marín, su secretario Virgilio Leiva y otros liberales por otra. El gobierno en Bogotá había enviado como delegado a su subsecretario de Guerra, quién según el informe de Gillies, no se encontraba. Los rebeldes dieron a entender en esta reunión que ya estaban cansados de la guerra. No obstante, pidieron el apoyo extranjero a la hora de rendir sus armas, ya que las concesiones verbales del gobierno no les inspiraban demasiada confianza. Además y como condición previa para entrar en negociaciones de paz, pidieron se reconocidos como beligerantes, ya que no querían se tratados como "cuadrillas de malhechores". A esto se sumó que no querían rendirse antes de consultar al Directorio del Partido Liberal.
Sin embargo el gobierno no cooperó en la búsqueda de un acuerdo para finalizar la guerra, ya que abusó del armisticio unilateral, declarado por parte de los guerrilleros, para y transportar una gran cantidad de municiones de Honda a Bogotá. Marín había puestos sus ojos desde hacía tiempo en este convoy gubernamental.
Aunque, por el momento, la reconciliación no fue alcanzada, estos contactos informales facilitaron el acercamiento de los partidos armados; Marín y sus tropas se rindieron a finales de septiembre, cuando ya no vieron posibilidad alguna de alzarse con la victoria, aceptando finalmente la oferta de amnistía".(17)
Su muerte
Una persona como esta batalladora, trabajadora e incansable "en 1923 murió en la pobreza, victima de la tuberculosis, en Honda".(18) según escribe Bercquists, pero Gabriel Paris Lozano hace su vocación final, "El negro Marín, a quién el retrato en las cajetillas de cigarrillos, la canción popular y el relato exagerado, con perfiles de leyenda, de sus andanzas guerrera ayudaron a crearle un renombre que ciertamente estuvo por encima de la realidad, fue de los últimos en deponer las armas. Llevo después una vida trabajosa. El pronto olvido de lo que fue la guerra y la rápida e irremediable decadencia de los caudillos destacados en ella que carecían de dotes para actuar con eficacia en la vida civil, lo dejaron rezagado en el camino. Roído por la tuberculosis y atormentado por la pobreza, murió en Honda, el 10 de diciembre de 1923".(19).
Las calles de Honda fueron luego su refugio y aquí encontramos la tumba de este combatiente la cual resalta entre otras, y solo quedan inscritas para la historia las palabras "Los liberales de Honda le dedican este recuerdo.

*Tiberio Murcia Godoy es Licenciado en Ciencias Sociales Universidad de Caldas. Especialista en Recreación Ecológica y Social Fundación Universitaria los Libertadores.Diplomado en Cátedra Tolima, Fases I, II y III. Universidad del Tolima. Diplomado en Mejoramiento de la calidad de la educación en los procesos de enseñanza aprendizaje de las ciencias sociales en el Departamento del Tolima. Fundamentación y diseño de la investigación educativa. Universidad del Tolima Diplomado en Alta Gerencia Cultural de Cundinamarca Fundación John F. Kennedy. Diplomado en Gestión Territorial y Desarrollo Local. Universidad de Ibagué. Autor de los libros "Mitos y leyendas de la Villa de San Bartolomé de Honda e Inspección de Puerto Bogotá" y "De paseo por la Villa de San Bartolomé de Honda, patrimonio para la humanidad". "Descubriendo la Villa de San Bartolomé de Honda, cátedra local". Docente Ciencias Sociales Institución Educativa Departamental Puerto Bogotá, Guaduas, Cundinamarca. Miembro de los Centros de Memoria Guaduas y Honda. Presidente del Centro de Historia de Honda.

(1) "Culturas políticas en la región andina" "Political cultures in the Andean region" 15 a 17 de mayo de 2008. Universitát Bielefeld, Deutsche Forschugsgeinschaft . Alemania
(2). Los guerrilleros del Tolima. Gonzalo Paris Lozano. Revista de la Universidad del Tolima. V 1. No 4, 1982. Págs. 72,73.
(3) ibid. Pág. 73.
(4). Una visita al "Negro" Marín. Malcolm Deas. Del Poder y la Gramática. Mundo Editores. 1993. Pág. 310.
(5). Los guerrilleros del Tolima. Gonzalo Paris Lozano. Revista de la Universidad del Tolima. V 1. No 4, 1982. Págs. 72,73
(6). Café y conflicto en Colombia (1886-1910). La Guerra de los Mil días, sus antecedentes y consecuencias. Charles Bergquist. Banco de la República/El Ancoras Editores. Bogotá. 1999. Pág. 290.
(7). Una visita al "Negro" Marín. Malcolm Deas. Del Poder y la Gramática. Mundo Editores. 1993. Pág. 309.
(8). La Guerra de los Mil Días (I). Enrique Santos Molano. Periódico El Tiempo. No 32.150. Noviembre 17 de 2002. Pág. 2-1..
(9). De la Guerra de los Mil días a la perdida de Panamá. Thomas Fischer. Memoria en un País en Guerra. Los Mil Días 1899-1902. Planeta . 2001. Pág. 86.
(10) SÁNCHEZ Gonzalo. AGUILERA Mario y otros. Memoria de un País en Guerra. Los Mil Días 1899-1902. Editorial Planeta. Bogotá. Págs. 116 .
(11). Ibíd. Pág. 117.
(12) SANTOS Molano Enrique. Centenario/La guerra de los mil días (IV) De Palonegro al golpe, miércoles 20 de noviembre de 2002 El Tiempo. No 32.153. Pág. 1-18
(13) SÁNCHEZ Gonzalo. AGUILERA Mario y otros. Memoria de un País en Guerra. Los Mil Días 1899-1902. Editorial Planeta. Bogotá. Págs. 86.
(14) SANTOS Molano Enrique. Centenario/La guerra de los mil días (IV) De Palonegro al golpe, miércoles 20 de noviembre de 2002 El Tiempo. No 32.153. Pág. 1-18
(15) PARIS Lozano Gonzalo. Los guerrilleros del Tolima. Revista de la Universidad del Tolima. V 1. No 4, 1982. Págs. 69 y 70.
(16) SÁNCHEZ Gonzalo. AGUILERA Mario y otros. Memoria de un País en Guerra. Los Mil Días 1899-1902. Editorial Planeta. Bogotá. Pág. 373.
(17) SÁNCHEZ Gonzalo. AGUILERA Mario y otros. De la guerra de los mil días a la perdida de Panamá. Thomas Fischer. Memoria de un País en Guerra. Los Mil Días 1899-1902. Editorial Planeta. Bogotá. Pág. 86,87.
(18) BERGQUIST Charles. Café y Conflicto en Colombia (1886-1910) La Guerra de los Mil Días, sus antecedentes y consecuencias. Banco de la República/Ancora Editores. Bogotá. 1999. Pág. 290.
(19) PARIS Lozano Gonzalo. Los guerrilleros del Tolima. Revista de la Universidad del Tolima. V 1. No 4, 1982. Págs. 74,75

ALFONSO LÓPEZ PUMAREJO Y LA "ESCUELA DEL TOLIMA" POR AUGUSTO TRUJILLO MUÑOZ


Por AUGUSTO TRUJILLO MUÑOZ (*)
Especial para EL NUEVO DÍA
Su origen
El 19 de noviembre de 1929 se reunió en Bogotá una convención nacional del liberalismo colombiano, en la cual el joven delegado Alfonso López, nacido en Honda, cuarenta y tres años atrás, propuso a su partido prepararse para la reconquista del poder. No sólo lo había perdido hacia casi cuatro décadas.También parecía haber perdido el deseo de recuperarlo. Sus viejos dirigentes solían acomodarse a las contingencias de la hegemonía conservadora. López reclamaba acción y oposición contra un gobierno al cual acusaba de estar gestionando una "prosperidad a debe", que colapsaría más temprano que tarde.
Siete años antes, el 29 de marzo de 1922, se había reunido en Ibagué otra gran convención liberal que, bajo la orientación del general Benjamín Herrera, modernizó el programa doctrinario del liberalismo. Tesis como la de la igualdad civil de los colombianos y, por lo tanto, la de la eliminación de los fueros militares y eclesiásticos; la de una ley electoral que consagrara la representación proporcional de los partidos; la de la reforma del concordato en un sentido favorable a la independencia del poder civil; y la de la elección popular de alcaldes, se adoptaron en la reu­nión de Ibagué como necesarias para democratizar el país.
En 1922 la capital del Tolima sirvió de marco para que un grupo de jóvenes ingresara al escenario de la gestión política. La figura más destacada de este equipo fue Darío Echandía, nacido en Chaparral veinticinco años antes, una especie de filósofo antiguo cuyo ejercicio creador lo convirtió en "maestro", como terminaron llamándolo sus compatriotas, en reconocimiento a su austeridad y a su talento. La reunión de 1929 proyectó a López hacia el liderazgo nacional, al designarlo –en unión de los generales Antonio Samper Uribe y Leandro Cuberos Niño- como miembro de la Dirección Nacional Liberal.
López fue el gran inspirador de un nuevo pensamiento para el liberalismo colombiano y para el país. Echandía su gran gestor intelectual y político. Aquel fue el líder para el cambio, éste el filósofo para sustentar teóricamente las nuevas expresiones institucionales. Ambos los constructores de un sistema doctrinario tan coherente como sólo es posible en medio de una escuela de pensamiento. Por eso ésta sólo concebible con ambos. Dado su lugar de origen, tal escuela ha sido denominada por los actuales estudiosos de su legado espiritual como "Escuela del Tolima".
Por lo menos dos generaciones de tolimenses que se iniciaron bajo el alero intelectual de López y de Echandía mantuvieron la identidad doctrinaria durante su tránsito por la actividad pública. Incluso quienes, en un momento dado, decidieron moverse en otros ámbitos públicos, miraron siempre con admiración y respeto a estas dos grandes figuras de la historia colombiana. Jóvenes liberales como Miguel López Pumarejo, José Joaquín Caicedo Castilla, Rafael Parga Cortés, José María Barrios Trujillo, Eduardo Guzmán Esponda, Gonzalo París Lozano, Alejandro Bernate Castro, se incorporaron paulatinamente al llamado de López, que se cumplió entre 1929 y 1934.
Hubo también respuesta de conocidas familias tolimenses: Los Lozano y Lozano, los Rocha Alvira, los Camacho Angarita, Los Bonilla Gutiérrez, los Peláez Trujillo, los Melendro Serna, los Torres Barreto, hallaron en la convocatoria de López el pretexto que necesitaban para incorporarse a la empresa de modernizar el país. Todos los mencionados hicieron posible que, durante los años treinta, el Tolima viviera el más dinámico proceso de debate intelectual, agitación política y eclosión periodística. La "Escuela del Tolima" encontró ambiente propicio en las gentes de su departamento.
Todavía sobre los años setenta, el triunvirato compuesto por Alfonso Palacio Rudas, Rafael Caicedo Espinosa y Alfonso Jaramillo Salazar seguía dando testimonio de aquel mensaje doctrinario, que también suscribieron otros dirigentes y pensadores liberales como Felipe Salazar Santos, Eduardo Santa, Saúl Pineda, Guillermo González Charry y, más acá en el tiempo, Alfonso Reyes Echandía, Jaime Vidal Perdomo, Fabio Lozano Simonelli…en fin, un listado de hijos del Tolima que, incluso en la actualidad, se sienten discípulos y continuadores de la "Escuela del Tolima".
Su proyección histórica
El eje fundamental de la Escuela, desde el punto de vista de la edad de sus miembros, se corresponde con la llamada generación de Los Nuevos. Aparte de López que pertenecía a la generación del Centenario, los demás, incluyendo a Echandía, nacieron entre 1895 y 1905. Son ellos Carlos Lozano y Lozano, José Joaquín Caicedo Castilla, Antonio Rocha Alvira, Rafael Parga Cortés, Alberto Camacho Angarita y Carlos Peláez Trujillo. Estos ocho tolimenses –protagonistas centrales de la República Liberal y, en particular, del gobierno de "la revolución en marcha"- conforman el núcleo de la "Escuela del Tolima".
Pero ninguno de los nombres hasta ahora mencionados apareció por generación espontánea. Frente al llamado de López, frente a la transparencia de Echandía, frente al ejemplo de Parga y, apelando a los materiales de su propio contexto, se sintonizaron con las nuevas corrientes del pensamiento universal y diseñaron una nueva concepción del Estado y del derecho en Colombia: las libertades civiles, las garantías sociales, la función social de la propiedad, el derecho de huelga, la separación de la iglesia y el Estado, la libertad de enseñanza, fueron los principios que informaron el nuevo diseño institucional del Estado.
De seguro, no fue su propósito conformar ninguna escuela de pensamiento. De hecho no convocaban reuniones, ni levantaban actas, ni siquiera se sentían miembros de escuela alguna. Pero su militancia común en un liberalismo deseoso de abrevar en nuevas fuentes y la apertura hacia la sintonía con los nuevos sonidos mundiales, les despertó la preocupación doctrinaria y el propósito común por modificar el rostro del país. Eso es una escuela de pensamiento en el más riguroso sentido del concepto.
El momento cenital de la "Escuela del Tolima" coincide con la elección de Alfonso López como presidente de la República en 1934. En el mismo año el maestro Echandía es designado presidente de la Dirección Nacional Liberal, desde la cual promueve un debate, en todo el país, sobre la necesidad de modificar la constitución y la conveniencia de hacerlo a través del congreso o de una asamblea constituyente. López prefiere la primera opción pero da carácter constituyente al congreso y nombra a Echandía ministro de Gobierno para que se encargue de orientar las reformas.
Como es apenas natural, hubo otras figuras cimeras en la República Liberal –y en el gobierno de la revolución en marcha- que formaron parte del grupo más próximo al presidente López. Fueron ellos Alberto Lleras, Jorge Soto del Corral, Jorge Zalamea y Alejandro Galvis Galvis. Pueden ellos ser considerados miembros de la "Escuela del Tolima" independientemente del lugar de su nacimiento. Precisamente fue Lleras quien definió al equipo más cercano a López como "un concilio de jurisconsultos, caracterizado por su falta de codicia, pero también por su devoción por la controversia y, sobre todo, por una sed inextinguible de creación"(2).
En ese equipo se formó la "Escuela del Tolima". No todos sus miembros eran hombres de leyes, pero todos eran hombres de Estado. López era, por supuesto, el visionario de las reformas políticas; Echandía, el constructor de las nuevas instituciones; Lozano el ideólogo de la tendencia social; Parga el economista del agro; Caicedo el precursor del derecho a la sindicalización; Rocha el pedagogo de la jurisprudencia; Camacho el devoto del derecho legislado; Peláez el cultor del derecho jurisprudencial; y todos a una, responsables de la articulación entre las decisiones nacionales y las bases del liberalismo tolimense.
Los hombres de leyes recibieron la herencia del positivismo jurídico, al cual respondieron de manera crítica. A la postura exegética enfrentaron el normativismo de Kelsen e incluso exploraron el ámbito de los principios. El maestro Echandía abrevó en el solidarismo de Duguit y Eduardo Zuleta Ángel en la libre interpretación científica de Geny, para abrir espacios nuevos frente a una tradición embalsamada por el formalismo jurídico. En 1935 Antonio Rocha accede a la presidencia de la Corte Suprema de Justicia e inaugura un período de hondas transformaciones en la concepción del derecho jurisprudencial.
Las sentencias de la "Corte de oro", como fue llamada después, revisan la visión del formalismo jurídico en términos que aún hoy resultarían novedosos. "La nueva sensibilidad antiformalista no se limita al trasplante de nuevos métodos de análisis de la jurisprudencia o al trasplante de la retórica modernista extraída del derecho de los juristes imquietes. Más allá de estas grandes expresiones teóricas hubo ciertamente fallos judiciales concretos que construyeron el estilo adjudicativo del antiformalismo local. Las sentencias de la Corte de Oro, en su conjunto, muestran características profundamente antiformalistas"(3).
Los hombres de Estado ingresaron a la vida pública cuando declinaba la influencia de los caudillos militares en el liberalismo, y el país transitaba hacia un escenario de civilidad. Aquellos presionaron dicho tránsito con prudencia, pero con firmeza. La hegemonía conservadora mantuvo una especie de democracia monástica que no supo resistir la irrupción desbordada de los socialismos. Allí apareció la inteligencia de Alfonso López para manejar con tino y con éxito una propuesta política transformadora, cuyo desarrollo fue capaz de romper el paradigma revolucionario de la época: La transformación se hizo a través de procedimientos jurídicos.
López inauguró el 7 de agosto de 1942 un segundo período presidencial que no tuvo el buen suceso del primero.
"Los acontecimientos políticos que rodearon el segundo gobierno de López y precipitaron su renuncia, pero especialmente, la derrota del liberalismo en las elecciones de 1946, desdibujaron, en cierta forma, la vigencia de la "Escuela del Tolima" como tal. Sus miembros se dispersaron, algunos fallecieron, otros se refugiaron en actividades particulares o en el exterior y la violencia del medio siglo fracturó el proceso histórico que se venía desarrollando"(4).
Su legado
La obra de la Escuela fue fundamentalmente jurídico-constitucional. Se basó en la construcción de instituciones políticas que, debidamente ancladas en la circunstancia concreta de su espacio, situaron al país en concordancia con el universo de su tiempo. López inspiró el liberalismo social y Echandía una nueva concepción del derecho. La reforma de 1936 se hizo a imagen y semejanza de un país que necesitaba y quería modernizarse.
Desde el punto de vista doctrinario, dos son los grandes legados doctrinarios de la "Escuela del Tolima": en primer lugar la concepción social del derecho y del Estado y en segundo término la defensa del derecho como instrumento de cambio. Aquella supuso –como lo quiso López- remover las monstruosas injusticias que venían pesando sobre el conjunto social colombiano, a base de construir instituciones. Esta –como lo formuló Echandía- conciliar el orden jurídico con la vida social, de manera que el derecho sea el mejor vehículo para hacer transformaciones sociales sin el fundamentalismo de las revoluciones, pero con la tolerancia que exige el reconocimiento democrático del otro.
Ciertamente la presencia de la "Escuela del Tolima" en la vida nacional fue corta, si se tiene en cuenta que sus conquistas fueron asordinadas e inclusive estuvieron a punto de colapsar en la década de dictaduras que el país sufrió sobre la mitad del siglo XX. Sólo Echandía mantiene el debate desde el escenario académico y Parga en el terreno político regional del Tolima. Aquel se dedica a ejercer como conciencia moral del país y éste se convierte en un símbolo vivo del liberalismo de su departamento, en el cual han aparecido nuevos protagonistas políticos.
En la medida en que el país va siendo víctima del avance de una cultura de los antivalores, Echandía proclama que "en política se pueden meter los pies, pero no se pueden meter las manos". El maestro muere en Ibagué el 8 de mayo de 1989, después de una larga dolencia, pero mientras gozó de salud fue nunca guardó silencio cuando fue necesario emitir un juicio para reprochar la degradación de los hábitos públicos. Por eso, otro gran legado de la "Escuela del Tolima" es el legado ético.
En 1987 un grupo de tolimenses, en carta abierta al país, formuló la idea de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, como mecanismo excepcional para buscar remedios excepcionales a las agudas dolencias de un país que, agobiado por múltiples violencias, se consumía en la cultura de los antivalores. Aquella propuesta está enmarcada también en las enseñanzas de la "Escuela del Tolima". Su texto original reposa en los archivos de la Cámara de Comercio de Ibagué y da testimonio de una constante histórica en la vida del Tolima: su contribución al desarrollo de las instituciones jurídico-constitucionales.
La "Escuela del Tolima" convirtió a sus miembros en protagonistas del pensamiento socialdemócrata en Colombia. El maestro Echandía fue también el primer colombiano que –desde la Comisión paritaria de reajuste institucional en 1957, y luego desde la llamada Comisión Echandía en 1975- propuso la creación de una Corte Constitucional, encargada de ejercer el control constitucional de las leyes. Eso lo convierte, sin duda, en un hombre del siglo XXI. Pero además la concepción que integra estado social de derecho con economía social de mercado, en cuya base descansa la nueva concepción de la democracia, está consignada en la constitución de 1936, como otro de sus logros.
Cuando hoy hablan los juristas de que el derecho es argumentación, es preciso recordar la "Escuela del Tolima". El talento jurídico de sus miembros y la fortaleza doctrinaria de sus convicciones, hizo posible la construcción de un nuevo país y de una nueva cultura. De alguna manera los colombianos viven todavía de la grandeza de aquella obra institucional que permitió de consolidar, en el país, un espíritu republicano. La "Escuela del Tolima" demostró que es posible crear nuevas reglas colectivas de juego, utilizando exclusivamente los procedimientos elaborados en medio del derecho. Y la democracia contemporánea es muchas cosas, pero también es procedimiento.
(*) Profesor de derecho constitucional, de argumentación jurídica y de derecho territorial en distintas universidades colombianas, es autor de varios libros de derecho público y de historia política. Ha sido concejal de Ibagué, dirigente gremial en el Tolima, conjuez del Consejo de Estado y Senador de la República. En 1987 escribió el documento por medio del cual el sector privado del Tolima propuso al país la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, antes de que cualquier otro colombiano ventilara el tema. La propuesta fue publicada por la prensa nacional el 6 de febrero del mismo año.
1 Según los diccionarios, "Escuela" es la denominación convencional con la que se conoce a un grupo de estudiosos vinculados entre sí por principios y propósitos comunes. En la antigüedad existió, por ejemplo, la "Escuela de Alejandría" cuyos miembros eran judíos de la diáspora, influidos por la cultura griega, que se esforzaron en sintetizar los pensamientos judaico y helénico. En los albores de la modernidad se conoció la "Escuela Española de Jurisprudencia" que, partiendo del pensamiento cristiano y del derecho natural, se interesó en desvirtuar la teoría del derecho divino de los reyes. El siglo xx vio nacer la "Escuela de Frankfurt", comprometida en el desarrollo de una reflexión global sobre el proceso de consolidación de la sociedad capitalista burguesa, cuyos análisis indujeron a sus discípulos a formular revisiones al marxismo.
2 Debo mencionar otras tres figuras de la República Liberal, con más identidades que diferencias con relación a las tesis del presidente López. Fueron ellos Gabriel Turbay, Jorge Eliecer Gaitán y Carlos Lleras Restrepo. Representantes, ministros, senadores, fungieron incluso como presidenciables durante aquel período histórico. Sin embargo, no formaron parte del equipo más próximo al gobierno de la "revolución en marcha". Turbay fue ministro de Olaya y de Santos, Lleras de Santos y de López, Gaitán de Santos y de Echandía, pero, en todo, caso su mayor o menor grado de autonomía frente a las políticas de López impide mencionarlos dentro del "concilio" que conformó el núcleo de la "Escuela del Tolima". Los dos primeros desaparecieron tempranamente de la escena y el último sólo alcanzó la jefatura del Estado en 1966, dentro de la vigencia del sistema bipartidario del Frente Nacional.
3 López Medina, Diego Eduardo. "Teoría impura del derecho", Universidad de los Andes, Legis, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 2004, p. 319.4 Trujillo Muñoz, Augusto. "De la Escuela Republicana a la Escuela del Tolima", Academia Colombiana de Jurisprudencia, Bogotá 2007, p. 192.
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jueves, 19 de noviembre de 2009

Cancelan encuentro turístico en Honda por fallas logísticas


El secretario de Turismo Industria y Comercio Germán Sánchez Pérez, anunció que se suspendieron los eventos programados para el 21 y 22 de noviembre próximo, en el municipio de Honda. De acuerdo con el funcionario algunos temas referentes con la logística del evento aún no son concretados.
"El objetivo es promover el turismo y dar a conocer las riquezas de nuestro Departamento. Queremos que todas las actividades que se desarrollen salgan muy bien y que tanto los visitantes como los medios de comunicación del Tolima y del resto del país se lleven una buena impresión. Por eso es mejor posponer un tiempo más el encuentro", dijo el Secretario.
Así mismo informó que con el plazo dan tiempo para que se termine la primera fase del malecón, financiado por Cormagdalena; estaría listo entre el 12 y 13 de diciembre.
"Queremos una noche especial con juegos pirotécnicos y qué mejor que estrenar la obra con este espectáculo", manifestó Sánchez Pérez.
De esta forma, durante el encuentro folclórico, gastronómico y artesanal "Nos vemos en Honda", el centro histórico, su riqueza arquitectónica, sus calles coloniales, sus 29 puentes y viaductos podrán ser recorridos por los visitantes.
Además reunirá las mejores presentaciones de música sinfónica de los municipios, el folclor, la gastronomía y las artesanías típicas de la región, así como la asistencia de cuenteros y la presentación de porristas de las instituciones educativas.

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