viernes, 13 de junio de 2014

Bernardo Navarro Bohórquez Por Tomas Sebastián Restrepo Navarro*

 Don Bernardo Navarro Bohorquez
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De espíritu activo, trabajador infatigable, tenaz en sus resoluciones, constante en sus propósitos fue fiel trasunto de todas esas virtudes atávicas a las dos vigorosas ramas que descendía. Era hijo de Cándido Navarro (nacido en Zapatoca el 3 de octubre de 1813) y Caya Bohórquez (natural de Tunja, donde nació el 22 de abril  de 1822). Educado como todos sus siete hermanos bajo el imperio de las patriarcales costumbres de aquella época, templó su espíritu en la fragua del más estricto cumplimiento de sus deberes. Como primogénito saboreó desde su infancia los azares de la vida pues apenas contaba siete años fue eficaz colaborador de su padre, en la fundación de las haciendas de San Vicente y Santa Inés en incultos baldíos que fecundó con el sudor de su trabajo.
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La revolución de 1860, sorprendiendo a estos soldados del progreso, lo hurta a las maternales caricias y nos lo presenta, hombre prematuro, en el teatro de nuestras luchas fratricidas afiliado, como su padre, a las ideas conservadoras que representaba el Dr. Mariano Ospina. Es así, en esta faz turbulenta de su vida, como lo vemos luchar en los combates de Cimacota, el Oratorio y en la toma de San Gil a la edad de trece años. Pero vencido por entonces el partido  a que había dedicado sus mejores energías con la fé y sinceridad de su carácter reflexivo, tuvo que padecer los rigores del destierro confinado a los desiertos de Ceuta en el municipio de Girón y sufrir la pena del grillete en la cárcel de San Gil de donde salió mediante fianza para atender a su familia que quedaba en relativa orfandad con la expatriación de su padre a Venezuela.
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En 1863 al regresar don Cándido a su suelo natal indultado por el decreto del general Mosquera, encuentra a su querido hogar en el más lamentable desconcierto, porque las penas morales  y las fatigas físicas habían quebrantado la salud de su virtuosa esposa a quien halló enferma y sin recursos. La desgracia había hecho presa en aquel anciano venerable y no contenta con hacerle beber el amargo cáliz de duro ostracismo, le hería implacable en lo más puros afectos de su corazón. Tocó entonces el turno a su hijo Bernardo quien con rara decisión y energía toma a su cargo el sostén de la familia. Lo vemos entonces en la hacienda de don Elías Fernández trabajando a los rayos del sol como simple jornalero para llevar el sustento necesario a su casa. De allí salió para Bucaramanga, donde tras largo batallar, obtuvo una beca en el colegio del doctor Francisco Londoño; pero las dificultades económicas de su padre le impidieron continuar sus estudios y hubo de suspenderlos para dedicarse al comercio explotando los poquísimos conocimientos adquiridos en él. 
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 Aspectos de la construcción del Puente navarro
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Se dirige entonces al doctor Alipio Mantilla y con doscientos pesos que éste le prestó, parte a la hacienda Montebello, propiedad del señor Lenguerke, en el Departamento de Santander donde empezó a trabajar con algún éxito; instalado allí vuelve transitoriamente a Bucaramanga (1867), persuade a su padre a variar de teatro y regresa con todos los suyos a radicarse en este departamento en donde residió desde 1874, fecha en que empieza a contarse la fecundación labor que, por acción refleja había de beneficiar también la región escogida para mansión definitiva, pues ya el destino había formulado su fallo irrevocable negando a aquel grupo de seres hasta el consuelo de volver a visitar su ciudad natal ligándolos al Tolima con los más estrechos vínculos de simpatía y cariño. Su vida, toda holocausto al trabajo le proporcionó, como era natural, la prosperidad en sus empresas y acrecentamiento de su fortuna de la cual no se sirvió nunca para la satisfacción de vulgares ambiciones y placeres bastardos tan frecuentes en estos ti9empos de improvisadas grandezas cuyo único cimiento es la pedantería y la vanidad.
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Viajó por Europa con su familia de 1892 a 1893 y fue allá ante la majestad de esas obras colosales, donde concibió la idea de construir el puente que es hoy la admiración de cuantos visitan esta ciudad ribereña. Sus características principales eran la afabilidad con los extraños y el más acendrado afecto con los de su familia.
Nació en Tunja, Departamento de Boyacá, el 16 de enero de 1847, y murió repentinamente en Honda, centro de sus negocios, el 3 de diciembre de 1991 a los 55 años de edad.
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*Impresiones y recuerdos. Págs. 57,58 y 59.

Fotografía del Ingles Tomas Boyd (1899)

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