sábado, 25 de junio de 2011

Pedro Cárdenas, un periodista que luchó hasta el final por la verdad



Pedro Cárdenas, un periodista que luchó hasta el final por la verdad
LISA FERNANDA GARCÍA
Pontificia Universidad Javeriana
Especial para Tiempo Universitario

El comunicador tolimense, que falleció el pasado 5 de junio, vivió bajo amenaza por sus denuncias.

Las batallas que tuvo que librar fueron muchas, de todas salió victorioso. Pero una última lo sacó de combate antes de tiempo y le impidió dar la pelea; un derrame cerebral acabó con su vida.

Seguramente de esta también habría salido triunfante. Quizás este fue otro impulso de coraje de Pedro Cárdenas, con el que quiso burlar a sus verdugos.

Su interés constante por denunciar hechos corruptos y de violencia, puso en riesgo su vida y la de su familia durante muchos años. Cultivó una particular labor periodística que le trajo grandes problemas, pero que jamás pensó en abandonar.

Él presentía que tarde o temprano lo iban a matar; el ejercicio de un periodismo escueto y agresivo lo tenía en el blanco de quienes temían una acusación más que los dejara al descubierto con la sociedad.

Pedro Cárdenas conocía el riesgo que representaba cada palabra punzante que solía emitir en contra de la parapolítica, la corrupción y la delincuencia común. Sin embargo, el contar su verdad estaba por encima de cualquier cosa, incluso de su vida y las de sus familiares.

"Amó el periodismo más que a su propia familia; pero esto no es una crítica, al contrario, me hubiera gustado tener las agallas que él tenía", señala Luis Guillermo Cárdenas, su hermano.

Con un periodismo de antaño, fue reconocido por muchos años en las calles de Honda (Tolima), donde pretendió con cierta osadía ser "los oídos, la boca y los ojos de una sociedad que camina casi ciega, muda y sorda", comentaba hace dos años mientras terminaba una de las publicaciones de su revista, para ese entonces, 'La verdad'.

Y aún habiendo salido de esta ciudad para exiliarse en la capital, debido a las continuas amenazas, decantó su voz con la distribución mensual de una revista artesanal que él mismo producía y luego distribuía en algunas ciudades del Tolima.

El ejercicio de su profesión le trajo más de un dolor de cabeza. Hace once años fue declarado objetivo militar por los paramilitares, después de denunciar y cuestionar acciones delictivas de estos grupos y su vínculo con algunas de las autoridades del norte de Tolima, a través de la emisión del noticiero que dirigía allí, 'El Nuevo Día'.

Desde entonces tuvo que enfrentarse a múltiples ataques de todo tipo; sufrió dos secuestros a manos de Auc, tuvo que irse del país dos veces y soportó múltiples amenazas hacia él y su familia. Los últimos nueve años vivió con una angustia permanente, a la expectativa de qué pasaría con su vida y hasta cuándo lo dejarían vivir.

Casi veinte tintos, con unas cuantas gotas de valeriana, lo mantenían medianamente tranquilo durante el día y mientras pensaba en los temas que daban vida a su polémica y resistente revista.

Decía él que "para el mamón no hay ley", por lo mismo continuó con sus temas acalorados y escudriñó a quienes quisieron arrebatarle de la boca una verdad que consiguió a pulso, después de múltiples investigaciones a lo largo de 19 sustanciosos años de ejercer su adorada profesión.

La circulación de su revista fue precisamente la causa de algunas amenazas, entre ellas dos coronas fúnebres, 25 sufragios y una lápida sintiendo su muerte. Sin embargo, este periodista alardeaba por el deber cumplido, pues "el hecho de que me amenacen es muestra de que mi periodismo sigue vivo", solía argumentar.

'El duende', como lo llamaban en Honda, donde distribuía su revista, cambió varias veces el nombre de ésta, no por gusto propio sino porque las amenazas que recibía le exigían que La verdad no circulara más, así que en un acto de gallardía desafiante, seguía sacando información reveladora en una publicación que lo único que había cambiado era su nombre.

Se le criticó fuertemente el ejercicio de su profesión; un periodismo arcaico, un poco desmesurado. Pedro Cárdenas se camuflaba para meterse en la historia de quien investigaba; llegó al punto de hacerse pasar por celador para descubrir las malas actuaciones de un sacerdote, o hacer parte de una de las listas para contraer matrimonio con mujeres que estaban a punto de ser extraditadas.

Mientras no publicaba sus notas estaba tranquilo, los dolores de cabeza llegaban en cuanto empezaba a circular su revista, después llamada Voces del Tolima, producto de una investigación mensual. Seis hojas, doce páginas y el desarrollo de más o menos tres temas hacían parte de cada publicación, antes vendida a $1000 y finalmente obsequiada por el propio Cárdenas.

En cada oportunidad se producían 1000 ejemplares que eran repartidos en las esquinas de las calles a conocidos, familiares, amigos o en su defecto a los pasajeros de algún bus.

Desde hacía 4 años se encontraba afiliado a la Asociación Nacional Para el Desarrollo Social Del Periodista, ANPRESS COLOMBIA, a través de la cual se presentó su caso al Ministerio del Interior, y posteriormente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le concedió Medidas Cautelares.

La protección del Estado comprendía dos escoltas, teléfono móvil y un carro blindado. Aún así, los ataques no cesaron: meses antes de su muerte, fue víctima de agresiones físicas.

Estaba cansado de tener que esconderse, de andar con guardaespaldas y de ejercer un periodismo altamente censurado por todos lados; "¿cómo puede ejercerse un periodismo libre cuando se tiene a dos escoltas al lado?", alegaba Cárdenas.

Tuvo problemas por no hacer buen uso del 'esquema'; es decir, por no cumplir con los requerimientos que el DAS y autoridades estatales le habían hecho para evitar seguir siendo objeto de amenazas.

Al respecto Cárdenas se defendía con el argumento de que no podía pretender estar todo un día montado en un carro y ejercer desde allí su periodismo: "Caminando se disimula el hambre, en el carro no. ¿Cómo hago mi investigación desde el carro?".

Sospechaba que en el momento en que le quitaran la protección lo iban a matar, pero nunca pensó maquillar las palabras para que sonaran menos fuertes y directas y generaran menos polémica: "Al ladrón le digo ladrón y al bandido, bandido".

Pedro Cárdenas cuidaba la colección de los sufragios que le habían mandado desde que empezó a hacer denuncia; sabía el motivo por el cuál le habían adjudicado cada uno de ellos y los guardaba como el tesoro que daba prueba de sus más de siete vidas en esta profesión.

Tenía claro que el ejercicio del periodismo siempre trae un riesgo, y para contrarrestarlo habría que tener a todo un batallón al lado, así que siempre reclamó la formación de la comunidad para que entendiera que el periodista no es enemigo de nadie, simplemente cumple su función.

Con el temor de que pasara lo peor, Cárdenas se retorcía en el dilema ético de morir con dignidad defendiendo sus ideales, o vivir con vergüenza al servicio de quienes criticaba. Y aunque ya había tomado una decisión: "Me muero con honor haciendo lo mío", un derrame cerebral se le adelantó y lo sorprendió en la ciudad de Mariquita (Tolima), arrebatándole lo único valioso que tenía y que ya muchos habían intentado quitarle: la vida.

El tiempo no le alcanzó a Pedro Cárdenas para hacer gala de honores o reconocimientos importantes en el periodismo. Su muerte se produjo sólo unos días después de la emisión del reportaje Maldito Oficio, del programa En Portada, de TVE, en el que el periodista colombiano es el protagonista y su historia, el hilo conductor.

Existe el consuelo de que no fueron precisamente los detractores de Pedro Cárdenas quienes apagaron su voz. Este periodista no murió en silencio como los robles viejos que durante muchos años dieron sombra para nada, porque al final se pudrieron desde la raíz y se fueron al suelo, él echó raíces fuertes y siguió adelante hasta donde la vida se lo permitió.

Tomado :

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-8231520.html

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En Portada. Maldito oficio
JOSÉ ANTONIO GUARDIOLA
26.05.2010

Maldito oficio es un documento global que mezcla el reportaje con el informe. Y también es un documento coral porque en él intervienen periodistas de medio mundo y en él han trabajado corresponsales y enviados especiales de Televisión Española repartidos por ese medio mundo.

¿Qué hemos buscado? En el fondo, se trata demostrar que el periodismo es una buena herramienta en malos tiempos. Que con el periodismo se puede minar el poder de los corruptos, de los señores de la guerra, de los mafiosos... Precisamente de todos los que se obsesionan por cercenar la libertad de expresión.

Pedro Cárdenas es el gran protagonista de la historia; un hombre íntegro con una vida dedicada al periodismo. Con una dedicación que a veces roza la ingenuidad, pero eso le hace grande. Buscamos durante mucho tiempo a un hombre como éste que nos sirviera de hilo conductor... Y lo descubrimos en una conversación con el periodista colombiano Eduardo Márquez. Él nos habló de un tipo que había sobrevivido a dos secuestros, a atentados, a múltiples amenazas y, lo más cruel, a los secuestros y los apaleamientos de sus hijos. Y todo para convencerle de que dejara de vincular a políticos y empresarios con paramilitares. No lo han logrado... De momento.

A Pedro Cárdenas le siguió durante tres días el corresponsal de TVE en Bogotá, Luis Pérez. Con el arte de su cámara, Diego Franco, y la eficacia del productor, Wenceslao Rodríguez, el equipo colombiano logró penetrar en el alma más profunda de Pedro.

No había pasado ni una semana de la emisión de "Maldito oficio" cuando nos enteramos de que un infarto cerebral se había llevado a Pedro Cárdenas para siempre. Ironías de la vida. Luis Pérez le recuerda en su blog.

Otra parte sustancial del reportaje se rodó en Bagdad en mayo de 2009. Javier Rollón y Juan Antonio Barroso dieron forma a opiniones y angustias de los periodistas iraquíes.

El resto del reportaje se ha rodado pacientemente en otros tantos viajes de equipos de En Portada (Pilar Requena en Pakistán, Esther Vázquez en Gaza, Pedro Soler en Nápoles...), corresponsales de los Servicios Informativos de TVE (Emilia Ayala en México y Honduras, Sagrario García Mascaraque en Cuba, José Carlos Gallardo en Rusia, Rosa María Molló en China) y el trabajo en Filipinas del equipo de TVE en Pekín, entonces encabezado por Rosa María Calaf.

VER VIDEO EN EL SIGUIENTE LINK (ULTIMA ENTREVISTA DE PEDRO CARDENAS )

http://www.rtve.es/noticias/20100526/portada-maldito-oficio/332933.shtml

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Pedro Cárdenas es un periodista en extinción.

Pedro es el protagonista principal del reportaje que emite este domingo En Portada. Con él hemos querido ilustrar el reconocimiento hacia algunos periodistas que se juegan el tipo las 24 horas del día por contar la verdad. O su verdad…

Quizá a alguien le suene a ombliguismo dedicar un En Portada a un puñado de periodistas, pero esa sospecha se desactiva desde el mismo momento en que reconozco que su periodismo heroico poco tiene que ver con el nuestro. Son oficios casi diferentes, por lo que difícilmente se puede hablar de corporativismo.

Cárdenas es colombiano. Ya hemos hablado alguna vez de él en este blog. Escuché su nombre por vez primera en boca de Eduardo Márquez, el presidente de la Federación de Periodistas de Colombia. Me contó del caso de un periodista amenazado. Un periodista que publicaba y publica tres revistas casi artesanales para denunciar artimañas que casi nadie se atreve a denunciar en Colombia. Señala con el dedo a los políticos y los empresarios que se apoyan en los paramilitares para cerrar negocios o ganar votos.

Consecuencia: A Pedro le han secuestrado un par de veces –en una de ellas se salvó de milagro-; han colocado algún que otro coche bomba a la puerta de su casa –su hijo sobrevivió a las esquirlas-; han secuestrado a su hija; en una ocasión tuvo que exiliarse lejos de su Colombia… Cualquiera habría cedido, pero Pedro dice que sólo le da miedo tener miedo.

Y ahora parece que lo ha tenido. Se ha sentido tan amenazado que ha decidido irse del mundo. Quizá mejor dicho: Se ha refugiado en otro mundo. Durante unas semanas, ha vivido lejos de su casa para esquivar a las hienas. Él sabe que los carroñeros son más agresivos cuanto más miedo olfatean, pero también sabe que las hienas son olvidadizas y se entretienen rápidamente con otras presas.

En ésas anda Pedro. En esquivar a las hienas y, mientras tanto, preparar el siguiente número de su revista y acusar a un cargo aún más alto.

Cuando le conocí en Bogotá, Pedro me pareció uno de los miles de fantasmas andantes que pueblan las calles de Colombia. Él mismo ha imaginado muchas veces su muerte. Sabe que le mataran en un descuido, en soledad. Al cruzar una esquina. Al salir de una panadería. Después de recargar la tarjeta del móvil…

Jon Lee Anderson dice de él que tiene carne de misionero, que es un cruzado. Un hombre de otro tiempo que cree ciegamente en los principios que ha mamado desde pequeñito. Pues igual eso es lo que le hace grande e invulnerable, aunque un sicario le pegue cualquier día un par de tiros en la nuca.

Tomado de:

http://blog.rtve.es/en-portada/2010/05/el-maldito-oficio-de-pedro-c%C3%A1rdenas.html

Falleció el periodista PEDRO CARDENAS CACERES
Escrito por CSPP
Martes, 22 de Junio de 2010 11:15
La Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos informa que el día 19 de junio del presente año falleció el periodista PEDRO CARDENAS CACERES, quien se encontraba hospitalizado desde hace tres semanas en el Hospital Cardiovascular de Soacha y a quien le habían dictaminado muerte cerebral.

PEDRO CARDENAS ejerció un periodismo investigativo con un estilo muy particular y audaz, caracterizado por denunciar los grupos paramilitares y sus vínculos con la política local, en especial en el departamento del Tolima. Estas denuncias pusieron en riesgo su vida y la de su familia quienes fueron víctimas de varios atentados, por esta razón la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le concedió Medidas Cautelares.


Nuestra fundación expresa sus más sentidas condolencias a la familia de PEDRO CARDENAS y lamenta esta gran pérdida para el periodismo local y nacional.

Tomado de:

http://comitedesolidaridad.com/index.php?option=com_content&task=view&id=314&Itemid=35

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Día Mundial de la Libertad de Prensa

“Dejar el periodismo sería tanto como que me pegaran un tiro”

Por: Humberto Coronel N.

|2 Mayo 2008 - 7:22 pm

El periodista Pedro Cárdenas se ha ido del país por amenazas en dos ocasiones. Su vida depende de que el Estado le renueve las medidas de seguridad y le brinde garantías para seguir haciendo periodismo.

Hace cinco años varios sujetos armados sacaron a Pedro Cárdenas de su casa y se lo llevaron en un taxi a las afueras de la ciudad de Honda. En una vía despoblada, luego de insultos y reclamos, jugaron ruleta rusa con un revólver en su boca. Hoy, con los ojos encharcados, a sus 53 años de edad, recuerda con nostalgia el tiempo en el que libre de preocupación disfrutaba de un café y conversaba con sus vecinos en las soleadas calles de Tolima.

Su día empieza a las 4:00 de la mañana con el temor y la preocupación certera de que algo va a suceder. Se despide de su mujer y sus hijos con la bendición y la esperanza de volverlos a ver. Con escolta y auto blindado mantiene una pequeña maleta con ropa al interior del vehículo en caso de no regresar a casa y pasar la noche en un modesto hotel. En el último año ha tenido que trastearse cinco veces de residencia, porque quienes le arriendan tienen miedo de que atenten contra él y le destruyan el inmueble. Algo similar le sucede con sus propios colegas, quienes una vez se enteran de las amenazas en su contra le niegan el empleo.

Cansado de los ‘no’ rotundos, creó la Asociación Vida, Paz y Democracia con la que maneja dos proyectos. Uno periodístico, con el que imprime las revistas La Verdad, Bogotá Social y Bosconia al Día y, otro, al que denominó Agencia de Colocación de Empleo, donde pretende ubicar a personas con problemas de desplazamiento y reinsertados. Le intenta dar trabajo a quienes un día quisieron matarlo.

Revista ‘La Verdad’

Es una publicación mensual de seis páginas, de la que imprime 1.000 ejemplares. Su forma de trabajo es rudimentaria, pero le devuelve la satisfacción profesional que los violentos le arrebataron. Él se disfraza y mimetiza para hacer la investigación, hace las fotos, construye la historia y cuando la tiene lista llama a los amigos para que lo apoyen con la impresión. Algunos le regalan pliegos de papel periódico, otros simplemente le dan plata para que pague el tiraje, y los que pueden le compran docenas de ejemplares para aminorarle la venta.

Los bultos de revistas que le quedan los monta en el vehículo blindado y, con escoltas a bordo, se va a la población donde la noticia principal dará de qué hablar. Parquea en una esquina concurrida y al pie del carro, con los guardaespaldas a la expectativa, empieza a vender uno a uno cada ejemplar. Luego de cuatro horas las publicaciones que ya no pudo vender las trae de regreso a Bogotá, donde sin pena alguna, cual si fuese vendedor de dulces, se sube a los buses a echar su rollo, acompañado de los miembros del DAS encargados de cuidarlo.

La escena es paradójica. Mientras la camioneta blindada de $100 millones lo sigue durante el trayecto, los pasajeros miran con curiosidad y sorpresa al hombre de saco y corbata, impecablemente acicalado, acompañado de un escolta que escruta con su mirada a los pasajeros. Pedro les echa su rollo, les dice que ya no tiene trabajo, que por denunciar a los grupos violentos y corruptos lo quieren matar, pero que se rehúsa a abandonar el periodismo. Que por eso sacó esta revista, la cual entrega a todos los pasajeros con devoción, que es su única forma de subsistir, y que sólo vale $500.

“Un día mío no se lo deseo a nadie. Es muy pesado. Estoy en tratamiento psicológico. Me dicen que mi tranquilidad llegará el día que deje de hacer periodismo, el día que me vaya de Colombia y el día que deje de creer que yo puedo cambiar el país. Pero dejar el periodismo sería tanto como que me pegaran un tiro y me mataran de una. Me moriría en menos de nada”.


El giro de su vida

La vida de Pedro cambió en noviembre del año 2000, luego de haber denunciado la expansión de los grupos de autodefensa


en Tolima. De hecho, dijo entonces que como consecuencia de la arremetida paramilitar, el municipio de Armero Guayabal se convertiría en un verdadero camposanto de las víctimas de este grupo ilegal. Eso le valió que fuera secuestrado por las autodefensas y su posterior salida del país durante tres meses.

Desde entonces inició un periplo por Colombia y Suramérica, guardando la esperanza de que su situación volviera a la normalidad. Atrás quedaron las frescas camisas manga corta que solía usar. De saco y corbata le toca hoy por las frías calles de Bogotá. Después del exilio se trasladó a Honda, convencido de que cuando una voz de denuncia se va, quien pierde es la democracia. Con empeño recompuso su vida y llegó a dirigir el noticiero de RCN Radio de esa ciudad.

Y las amenazas regresaron. El 12 de marzo de 2003 varios sujetos lo sacaron de su casa, frente a su esposa, y se lo llevaron en un taxi. Luego de insultarlo, los hombres, al mando de Ramón Isaza, jugaron ruleta rusa con un revólver en su boca. Se salvó de milagro, como dice el gastado refranero popular, porque su mujer alertó a tiempo al comandante de la Policía Ómar Francisco Perdomo, quien desplegó un operativo relámpago para devolverle la libertad.

El temor que Pedro siente por su vida no es infundado. Según la Fundación para la Libertad de Prensa, desde 1977 a hoy, se tiene un registro de 133 periodistas asesinados. Pese a la supuesta mejoría que manifiesta el presidente Álvaro Uribe en torno al tema de libertad de expresión, la Flip denunció que tan sólo el año pasado se registraron en Colombia 162 violaciones a la libertad de prensa.

Pensando que la intimidación había cesado, una llamada en su celular esta semana le demostró que su vida continúa en peligro. En la comunicación indicaron que pasara a una marmolería en el centro de Bogotá donde alguien pagó una lápida con su nombre. Aunque ha contado 25 intimidaciones, entre coronas fúnebres, sufragios, mensajes de texto, atentados a su casa e incluso el intento de secuestro de su hija, esta última amenaza le preocupa mucho porque el viejo adagio popular dice que ya “le colgaron la tumba”.

  • Humberto Coronel N. | Elespectador.com

    Tomado de:

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    Periodismo con mayúsculas

    El periodismo es un arma de la sociedad civil para defenderse de los excesos de los poderosos. Ya sean políticos que extraen fondos de cuentas públicas para engrosar sus emolumentos personales, empresarios que utilizan técnicas mafiosas para acallar reivindicaciones sindicales o jueces que dictan sentencias al margen de la sagrada ley que dicen defender, la labor del periodista, en esencia, se basa en estar siempre alerta para hacer visibles a ojos de toda la sociedad esos ocultos y perversos tejemanejes.

    No parece, sin embargo, que actualmente ello se dé en la práctica. El periodismo de hoy en países como España se identifica mucho más con un fiel perro que vela por la inviolabilidad de su amo que con un atento vigilante ante los excesos del mismo. Muy lejos quedaron ya los tiempos de Daniel Defoe o John Wilkes, periodistas mil veces perseguidos por denunciar lo que ellos creían que atentaba contra los derechos de los ciudadanos. “Aquellos vivían hace tres siglos” –se me dirá-, “entonces el absolutismo acechaba las libertades”. Cierto, pero nuestra democracia del siglo XXI tampoco anda exenta de enemigos.

    En las últimas décadas el mundo se ha transformado. Entre los múltiples cambios, dos procesos aparentemente incoherentes han coexistido. A la par que nuestra capacidad de producción –es decir, la generación de riqueza- se ha multiplicado asombrosamente, la desigualdad material entre los seres humanos también ha crecido. Conforme el PIB de los países se ensancha, también lo hacen las cifras de exclusión social. Cada vez son menos los que dominan una mayor parte de las riquezas del planeta. Ante este insólito proceso, los medios de comunicación, lejos de poner el grito en el cielo, agachan la cabeza y asienten. Más aún, olvidando la esencia de su labor, se acercan a las esferas de poder para obtener las migajas sobrantes. El periodista, convertido en un asalariado más encuadrado en el organigrama empresarial, no puede sino asentir ante las disposiciones de su jefe. En vez de investigar los posibles escándalos que subyugan cada vez más a la población de a pie, los silencian para que el statu quo no corra el riego de ser quebrantado.

    Y, peor aún, tratando de dar esa imagen combativa que al periodismo siempre ha caracterizado, algunos medios de comunicación se empeñan en destapar conspiraciones cuyo único objetivo es favorecer a otras facciones, también detentoras de posiciones de poder. Es decir, con la bandera de defensor de los derechos de la base social, este periodismo pacta con los opositores al poder político existente para difundir una teoría que los alce a su ansiada posición de preeminencia. Todo atisbo de altruismo queda así sepultado.

    No obstante, quedan motivos para la esperanza. Más allá de nuestras fronteras encontramos casos que ennoblecen la profesión periodística. Quizá porque allí la lógica del beneficio egoísta no ha impregnado todavía todos y cada uno de los rincones de la sociedad. Quizá porque allí la ficticia ilusión de ser ciudadanos libres y de pleno derecho no ha obnubilado todavía a todas y cada una de las personas. Quizá porque allí el individualismo exacerbado no ha carcomido todavía todas y cada una de las relaciones personales.

    Lo cierto es que en lugares como Colombia, Rusia o Gaza el periodismo todavía conserva su sentido. Personas comprometidas con el entorno en el que viven, ponen su vida en riesgo para dar a conocer a sus conciudadanos lo que sus gobernantes traman en la sombra. Algunos, como la famosa Anna Politkovskaya o el entrañable Pedro Cárdenas, mueren en el intento.

    Especial mención merece Cárdenas, periodista colombiano que luchaba por visibilizar los crímenes de los paramilitares. Extorsión y asesinato son palabras clave en el manual de estos grupos. Cárdenas, hombre humilde que sólo contaba con la fuerza de su convicción en una sociedad más justa, se ocupaba de elaborar una revista independiente y distribuirla gratuitamente entre la población. Su trabajo, a la par que el de su familia, que colaboraba en la redacción de la publicación, no se guiaba por ningún tipo de interés personal, tenía como objetivo dar voz a los indefensos. Tras haber sobrevivido milagrosamente a un secuestro, Cárdenas, paradójicamente, murió por causas naturales por un derrame cerebral.

    Se me dirá entonces: “¿y no será la razón de que allí persista ese tipo de periodismo es que en países como el nuestro no se cometen tales crímenes?”. Quizá. Puede que la convicción que aquí tenemos de que nuestra vida será respetada nos convierta en seres acomodaticios que no vean una razón clara por la que luchar. Si se nos asegura la supervivencia o, al menos, el no morir a manos del Estado por el mero hecho de tratar de sacar a la luz los trapos sucios del poder, puede que se desactive de nuestro subconsciente el interruptor de la militancia crítica.

    Karl Marx dijo una vez, “cuanto peor, mejor”. Si lo que se pretende, como él pretendía, es una implosión social que dé la vuelta a las relaciones de poder, es una aseveración de certeza incuestionable. Así pues, entenderíamos el vertiginoso descenso de ilusión por mejorar el mundo que se ha producido en la juventud española desde la tardofranquista década de los 70 hasta la insulsa actualidad. La represión de los grises a las manifestaciones estudiantiles era un poderoso factor de unión entre los jóvenes, que se concienciaban cada día más de la necesidad de cambiar las cosas. El periodismo, a su vez, utilizaba la crítica sutil para burlar la cada vez más laxa censura del régimen. Con el paso de las décadas, la referencia de mejorar el mundo se ha ido perdiendo, a la par que el enemigo visible –la dictadura- se diluía en comicios cuatrienales. Es por ello que, hoy en día, la juventud española se preocupa más por las novedades de su Tuenti que por los problemas sociales. El “ya no hay nada por qué luchar” o “los jóvenes que se manifiestan son vagos que se aburren en su casa” son lemas muy extendidos entre la población.

    Aunque no tan explícitos, los motivos para seguir contando con un periodismo comprometido que empuje a los jóvenes y a toda la sociedad a tomar conciencia de las deficiencias de nuestro sistema, son numerosos. Pese a que, siguiendo a Marx, si las cosas fuesen peor, más fácil sería que la gente luchara por mantener e incrementar sus derechos, el periodismo debería ser esa fuerza de unión que llevara en volandas a las personas de a pie a hacerse un hueco en la toma de decisiones que nos afectan a todos. Reclamar el derecho a participar activamente, en vez de ser sujetos ninguneados por aquellos que dicen representarnos, es un factor indispensable para que la democracia no siga siendo una palabra vacía.

    Pedro Cárdenas o Bradley Manning –joven estadounidense que filtró los documentos a Wikileaks- nos abren el camino. Tener la ilusión de construir un mundo más justo debería ser requisito indispensable para obtener la licencia periodística. Y es que, como dijo Galeano, la utopía nos sirve para caminar.

    Fuentes del texto:
    http://www.rtve.es/noticias/20100526/portada-maldito-oficio/332933.shtml
    Fuentes de las imágenes:
    http://comolaslentejas.wordpress.com/2009/09/19/curso-de-periodismo-de-investigacion/
    http://richfactory.blogspot.com/2010/10/entrevista-julian-assange-fundador-de.html
    http://www.rtve.es/noticias/20100526/portada-maldito-oficio/332933.shtml


    Tomado de:http://www.lahuelladigital.com/?p=13088

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    Pedro Cárdenas y su lucha por contar la verdad

    Posteado por: concienciadeperiodistas | 07/06/2010

    Hace unas semanas el programa de TVE, En Portada, emitió un reportaje tituladoMaldito Oficio. En él se hace un repaso por diferentes países del mundo para comprobar la situación que vive la profesión del periodismo. Italia, Rusia, Filipinas, Irak, Colombia… son algunos de los lugares por los que nos damos cuenta de la dificultad de ejercer esta profesión. Periodistas de cada zona hablan en primera persona de las presiones a las que se encuentran sometidos. Mafias, políticos corruptos, paramilitares… son algunos de los grupos que intentan que los periodistas no denuncien y cuenten la verdad a la sociedad.

    El hilo conductor del reportaje es el caso particular de un periodista de Colombia, Pedro Cárdenas. Junto con su familia, elabora una revista donde da cuenta de la corrupción que existe donde vive y desvela la unión entre políticos y paramilitares a pesar de las amenazas que ha recibido su familia y él.

    Desde ConCiencia de Periodistas animamos a que veáis el reportaje.

    http://www.rtve.es/noticias/20100526/portada-maldito-oficio/332933.shtml

    Es de admirar la valentía y el esfuerzo de personas como Pedro Cárdenas. A pesar de todas las dificultades por las que ha pasado y pasa continúa adelante con el propósito de contar la verdad. Muchos periodistas deberían aprender de él.

    Tomado de:

    http://concienciadeperiodistas.wordpress.com/2010/06/07/pedro-cardenas-y-su-lucha-por-contar-la-verdad/

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    Maldito Oficio

    Ayer pudimos disfrutar en el programa de la 2, En Portada, del reportaje Maldito oficio, un documento sobrecogedor. En este trabajo de TVE se hace un recorrido por algunos de los países en los que el trabajo de los periodistas se hace más duro y peligroso (Somalia, Honduras, Irak…), hablando con sus propios protagonistas. La historia principal es la de Pedro Cárdenas, un periodista colombiano totalmente independiente que vive amenazado por denunciar la actividad de políticos corruptos y asociados con paramilitares. Por esto, no sólo ha sido secuestrado 2 veces, si no que su propia familia ha sufrido represalias en más de una ocasión. Admite como una realidad absoluta que tarde o temprano conseguirán matarlo por la labor que realiza.

    “El periodismo puede ser bueno o malo, pero lo importante es que sea libre, y nosotros vamos a seguir siendo libres e independientes” dice Pedro en el reportaje. Para él, el periodismo es la única herramienta que queda para que la sociedad sepa la verdad, y el único contrapeso a los gobiernos autoritarios.

    En un momento en el que parece que el periodismo se encuentra en una crisis de valores, recordar el trabajo de personas como Pedro y otros muchos da que pensar. Parece que no se ha perdido del todo la esencia de lo que un periodista debiera ser realmente, aunque a veces cueste. Todos los periodistas actuales deberían tener en cuenta la labor de estos profesionales y compañeros, cuya vocación es innegable.

    No dejemos que el trabajo de estos héroes anónimos quede en el olvido, y no olvidemos ni dejemos de respetar la esencia de este “maldito oficio”


    Ver video en http://www.rtve.es/noticias/20100526/portada-maldito-oficio/332933.shtml

    Tomado de::

    http://fcom.us.es/fcomblogs/empresainformativa5/2010/05/31/maldito-oficio/.

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